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17.05.2010

RDC: Miles de civiles atrapados de nuevo en medio del conflicto

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Desde finales de 2009, miles de civiles se han visto atrapados una vez más por los combates entre el ejército y grupos armados en el sur de Ituri, en la República Democrática del Congo (RDC).

Desde finales de 2009, miles de civiles se han visto atrapados una vez más por los combates entre el ejército y grupos armados en el sur de Ituri, en la República Democrática del Congo (RDC). Exhaustos, algunos de ellos han conseguido escapar furtivamente cruzando en pequeños grupos la línea del frente hasta llegar a Gety y Aveba, dos pequeñas ciudades en la zona de Irumu, donde Médicos Sin Fronteras (MSF) les proporciona asistencia médica de emergencia. "La mayoría de ellos estaban hambrientos y agotados cuando llegaron", explica Laurence Gaubert, Jefe de Misión de MSF en RDC. "Nos tememos lo peor para los que han quedado atrapados detrás de la línea del frente sin poder recibir ningún tipo de ayuda".

El último episodio de violencia empezó en diciembre. El ejército regular lanzó una ofensiva contra grupos de la milicia que están diseminados en las áreas de Poto-Poto y Tchey, y éstos respondieron con contraofensivas durante las cuales miles de civiles se vieron atrapados entre dos fuegos. “No les quedó otra elección. O escapaban poniendo en peligro su vida, o se escondían durante meses sin tener acceso a ningún tipo de comida”, relata Elsa Moulin, coordinadora de MSF en Gety.

La violencia se intensificó a principios de marzo, después de la segunda ofensiva del ejército. A Gety llegaron noticias alarmantes de que los civiles estaban siendo asesinados por haber ido en busca de algo de comida para su familia. “Recibimos a los primeros que escaparon el 8 de marzo”, dice Elsa Moulin. “Eran pocos, evidentemente los que estaban más hambrientos, pero también los más valientes, pues fueron los primeros que intentaron escapar.… había incluso madres con sus hijos y también algunos ancianos, bueno, los que podían caminar. Tardaron cuatro días en llegar a Ozoba a través de senderos por el monte y caminando durante la noche para no ser vistos”.

Los movimientos de población se intensificaron gradualmente durante los días siguientes. Tanto el líder de la comunidad en Walendu Bindi como MSF, la única organización humanitaria presente en la zona actualmente, llevaron a cabo negociaciones con los jefes militares de ambos bandos para que permitiesen que los civiles saliesen de la zona en conflicto de manera segura. Por desgracia, hasta ahora sólo han conseguido salir pequeños grupos de personas.

El equipo de MSF sigue recibiendo más y más personas exhaustas que han logrado escapar, y los remite a Aveba y Gety. Casi el 10% de los niños menores de cinco años sufre de desnutrición aguda severa y tiene que ser hospitalizado en Gety. Es imposible saber cuántas personas pueden haber muerto en el camino debido al agotamiento o a una bala perdida de cualquiera de los bandos enfrentados. Lo único que se puede afirmar sin temor a equivocarse es que esta sigue siendo una zona de mucho peligro.

El número de personas que había logrado escapar hasta principios de abril era de 2.046 personas; sin embargo, durante los primeros días de abril, la gente que se había quedado atrás se vio atrapada de nuevo.

Según los líderes comunitarios, a día de hoy hay todavía varios miles de personas atrapadas en el bosque sin comida y bajo la constante amenaza de las armas. “Tenemos la sensación de que todos estos hombres armados no tienen ni idea acerca de cómo están sus familias”, manifiesta airadamente Laurence Gaubert. “Es una tragedia puesto que debido a la inseguridad es imposible dispensarles ningún tipo de asistencia”.

Muchos habitantes de Gety y Bunia dudan si algún día llegarán a saber que ha ocurrido detrás de la línea del frente. A la situación de Ituri y de estas poblaciones, especialmente de las mujeres y niños que intentan huir pero que siguen atrapados, la rodea un profundo silencio. “Y no obstante, este conflicto no es una causa perdida y debe sacarse del olvido y de la indiferencia. Hay que encontrar soluciones para ayudar a esta gente a vivir en paz”, concluye Laurence Gaubert.

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