En memoria de nuestros colegas que murieron en el ataque al Hospital de Trauma de MSF en Kunduz

El 3 de octubre de 2015 siempre será un día negro en la historia de Médicos Sin Fronteras (MSF). En las primeras horas de la mañana, el Hospital de Trauma de MSF en Kunduz, Afganistán, fue bombardeado precisa y repetidamente. Durante el ataque, nuestros colegas lucharon por sus vidas y por las vidas de sus […]

El 3 de octubre de 2015 siempre será un día negro en la historia de Médicos Sin Fronteras (MSF). En las primeras horas de la mañana, el Hospital de Trauma de MSF en Kunduz, Afganistán, fue bombardeado precisa y repetidamente. Durante el ataque, nuestros colegas lucharon por sus vidas y por las vidas de sus pacientes con una extraordinaria determinación y valor. 
 
Catorce colegas de MSF perdieron su vida ese trágico día. Todo MSF está afligido, al igual que las familias de las víctimas. Todos ellos serán extrañados enormemente, pero nunca serán olvidados.Como escribió nuestro colega Zabiullah en uno de sus poemas: 
El tiempo vuela, pero el recuerdo permanecerá,
Las heridas sanan, pero la marca permanecerá
 
Abdul Maqsood tenía 22 años y trabajaba como un punto focal de información para los pacientes. Era conocido como un buen jugador de cricket, que jugaba con mucho entusiasmo. Comenzó su carrera en el hospital como un trabajador diurno y se enorgulleció cuando, meses después, fue reclutado como un miembro permanente del equipo. Maqsood mostraba dedicación a su trabajo y sentía que trabajar en el hospital era un gran honor. Su actitud positiva y dedicación a su trabajo serán extrañadas.
Abdul Nasir, de 22 años, se encargaba de la limpieza del hospital. Nació en la provincia de Kunduz, en donde había estado trabajando para MSF desde julio de 2013, y era descrito por quienes lo conocían como una buena persona y como alguien extremadamente trabajador. Siempre estaba dispuesto a contribuir y hacía mucho más de lo que su trabajo demandaba de él. Era muy educado, y siempre asistía a los pacientes y sus cuidadores. Frecuentemente se sentaba o se paraba cerca de la puerta de la sala de cuidados intensivos y, siempre que alguien llegaba, era el primero en ofrecer su ayuda. Ofreció su ayuda a mucha gente.
Amigable y de trato fácil, Abdul Salam, de 29 años, era un enfermero de la sala de operaciones. Era uno de los trabajadores más apasionados dentro del personal del Hospital de Trauma de MSF y disfrutaba cada segundo de su vida. Además de ser un experimentado enfermero de terapia ocupacional, también tenía un diploma como farmacólogo. En su tiempo libre, disfrutaba de jugar cricket y Buzkashi (el deporte nacional de Afganistán). Durante las duras peleas en la semana previa al ataque, casi no dormía y trabaja largas horas para ayudar a su gente y a sus colegas tanto como pudiera. El prosperaba bajo circunstancias difíciles. Estaba casado y dejó atrás a dos hijos, de los cuáles el más pequeño tenía tan sólo 40 días de nacido cuando Abdul murió.
Abdul Satar Zaheer, de 47 años, era el Director Médico General de MSF del Hospital de Trauma de MSF. Él administraba un numeroso staff y era descrito por todos quienes lo conocían como una persona consciente, empática y respetuosa. Frecuentemente trabaja hasta entrada la noche. Si su hijo le hubiera pedido que trabajara menos, él hubiera respondido que no estaba trabajando, sino sirviendo a la gente de Afganistán. Siempre escuchaba las sugerencias hechas por los demás. Pensaba fuera de la caja y no dudaba en cambiar la forma de trabajo de ser necesario, para facilitar el trabajo de los equipos médicos. Era conocido por su increíble paciencia y sentido del humor. La noche del ataque, el Dr. Satar decidió quedarse cerca de sus pacientes en vez de descansar y estaba bromeando con los demás miembros del staff del hospital para levantar su moral. Era un padre orgulloso de sus ocho hijos, y frecuentemente compartía historias sobre lo inteligentes que eran. 
El Dr. Aminullah Bajawri era un padre de 32 años de edad y un doctor de emergencias. Como muchos otros, cuando el conflicto estalló en Kunduz decidió no dejar la ciudad y buscar un lugar seguro, se quedó para ayudar a su gente, sus amigos y colegas. Trabajó toda la semana previa al ataque y se sentía personalmente responsable de cualquier paciente que no se recuparera porque él no estaba de servicio. Admirado por su clara y racional percepción de problemas médicos y su prágmatico acercamiento para tratar a sus pacientes, el Dr. Amin era alguien en quien siempre podía confiarse dentro de la sala de emergencias, pues poseía un extenso conocimiento de medicina, una disposición a aprender cosas nuevas y un amable acercamiento a sus pacientes. Su sueño era convertirse en neurocirujano, en un momento en el que la falta de neurocirujanos en Afganistán significa que hay niños muriendo por la falta de tratamiento adecuado. Era, además, profesor de la Universidad de Kunduz y era profundamente respetado por sus estudiantes.
Nacido en Kunduz, Lal Mohammad tenía 28 años. Siempre tenía una sonrisa en su rostro y era como un mentor de los enfermeros más jóvenes. Era amable y siempre estaba listo para ayudar a la gente necesitada. Su dedicación para con sus pacientes iba más allá de brindar atención médica, siempre intentaba dar todo su apoyo y confortarlos lo mejor posible. Siempre recordaremos su sonrisa, su afán de aprender y su energía positiva. Dejó atrás a una esposa y tres hijos. 
A sus 32 años, el Dr. Mohammad Ehsan Osmani era un joven médico del departamento de terapia intensiva que poseía un extraordinario entusiasmo y dedicación hacia sus pacientes. Con una siempre presente sonrisa, nunca decía que no al trabajo extra que suponía cubrir un turno extra, y a menudo ofrecía quedarse y trabajar durante sus tiempos libres si el hospital estaba sobrepasado de pacientes. Su energía y su risa eran contagiosas. Era el tipo de persona que llenaba una habitación con su alegría y compasión. El Dr. Osmani siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás y nunca le decía que no a alguien que necesitaba ayuda. En la noche del bombardeo, él siguió trabajando y preocupándose por sus pacientes que se encontraban en situación crítica. 
Mohibullah, de 38 años, era un padre dedicado y un experimentado enfermero de la sala de emergencias que se unió al Hospital de Trauma de Kunduz hace tres años. Era el más joven de 8 hermanos, de los cuales varios trabajaban en el ámbito médico. Empezó trabajando como enfermero en el departamento de consultas externas, pero decidió cambiarse al departamento de emergencias. Mohibullah aprendía rápido y siempre tenía paciencia con todos. Siempre que tenía tiempo libre, intentaba estudiar y aprender utilizando los libros de sus colegas. Se quedaba hasta tarde si era necesario. Aprendió de muchas personas, y muchas personas aprendieron de él.
Najibullah, un padre de 27 años, trabajaba para MSF desde agosto de 2011 como trabajador de limpieza de la sala de emergencias. Era querido por todos y siempre era platicador, feliz y amable. Para ampliar su conocimiento, estudiaba en su tiempo libre. La sala de emergencias siempre estaba limpia y organizada cuando él estaba de turno. Más que un trabajador de limpieza, Najibullah cuidaba también de los pacientes dentro de la sala. 
Naseer Ahmad era un enfermero de 23 años del departamento de cuidados intensivos que comenzó a trabajar con MSF en junio de 2014. Era gentil, tranquilo y siempre dispuesto a aprender. Quería empezar un curso para aprender inglés lo antes posible para poder leer y aprender más. Debido a su tranquila actitud, él había nacido para ser un gran enfermero del departamento de terapia intensiva. Él amaba tener a muchas personas a su alrededor, para poder compartir sus pensamientos y felicidad con ellos. En el departamento de terapia intensiva, frecuentemente quería tomar responsabilidad de los pacientes críticos; era una señal de su gran compromiso hacia su trabajo y hacia el cuidado de sus pacientes. Siempre quiso ayudar a los pacientes que no tenían familia que los cuidara.
 
Shafiqullah tenía 39 años y había trabajado como guardia desde febrero de 2015. Era muy tranquilo, pero siempre tenía una sonrisa en su rostro. Trataba a todos con amabilidad y estaba muy comprometido con su trabajo. Siempre amigable, era muy querido por sus colegas, quienes lo extrañarán enormemente. Shafiqullah deja atrás a cuatro hijos.
Tahseel, de 35 años, era un padre y un amado miembro del equipo de farmacistas dentro del Hospital de Trauma en Kunduz desde que comenzó el proyecto. Era muy trabajador, la farmacia siempre estaba bien organizada y él siempre estaba preparado para cualquier emeregencia que sucediera en el hospital. Tenía un gran sentido del humor y siempre tenía una gran sonrisa en su cara. Para probar qué tan grande era la dedicación de Tahseel para ayudar a los demás, el regresó al hospital en los últimos días de sus vacaciones para ayudar al equipo cuando más lo necesitaban. Este compromiso hacia los demás siempre será recordado.
Zabiullah tenía 29 años y estaba casado. Él trabajaba como guardia del hospital desde febrero de 2015. Era poeta y trabajaba haciando traducciones de varios libros al idioma Pashto. También estaba escribiendo un libro sobre el famoso Khan Abdul Ghafar Khan. Si bien comenzó a trabajar con MSF hace menos de un año, él ya había hecho muchos amigos debido a su amigable y amable naturaleza. Este es uno de sus poemas:
تیر به شی وختونه خو یادونه به یی وی
جور به شی زخمونه خو داغونه به یی وی
El tiempo vuela, pero el recuerdo permanecerá,
Las heridas sanan, pero la marca permanecerá”
Ziaurahman, de 23 años, era un enfermero de la sala de emergencias que había estado trabajando para MSF desde diciembre de 2013. Se sabía que era un talentoso enfermero con una mente ágil. Él siempre se unía a las sesiones de entrenamiento y mostraba una enorme disposición para aprender. Estaba muy interasado en todo y en todos, y tenía una naturaleza humanitaria. Los pacientes a quienes atendió fueron afortunados de tenerlo al pie de sus camas. Era una gran amigo de todo el personal del hospital y siempre tenía una actitud optimista ante la vida. 
 
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