Madre en el este de Alepo, Siria: “¿Lo he traído al mundo para que viva una vida como esta?”

©MSF

Umm Leen, ha dado a luz a su séptimo hijo durante el asedio que vive el este de Alepo desde julio. Aquí relata su historia.

“Mi nombre es Umm Leen, he tenido siete hijos. No he salido de Alepo en toda mi vida.

Mi hija mayor tiene 16 años. Estaba embarazada de seis meses, pero hace dos semanas sufrió un aborto. También tenía un hijo de 12 años, pero murió cuando un trozo de metralla le perforó el corazón. Di a luz a mi hijo más pequeño durante el asedio, hace tres meses.

Nació un mes antes a causa de los ataques de pánico y el estrés generados por los intensos bombardeos.

En los últimos dos años, he tenido un aborto involuntario tras otro, y este embarazo también estuvo repleto de problemas. El segundo y tercer mes tuve sendas amenazas de parto prematuro y tuve que acudir al hospital cada diez días. Sufría hipotensión, anemia severa y niveles de calcio bajos. Siempre estaba cansada y mareada.

A causa del cerco, faltan todo tipo de alimentos. Hay muchos bebés con bajo peso provocado por la mala alimentación de sus madres.

En la primera semana de agosto, la matrona me avisó que me preparara para el parto y que comprara los medicamentos que necesitaba. En los hospitales no estaban disponibles y los pude encontrar en las farmacias.

Dos días después, a las 5 de la mañana, rompí aguas. No había nadie que me llevara al hospital ni transporte público para llegar allí. No podíamos llamar a la ambulancia dado que hay tan poco combustible que las ambulancias solo acuden para asistir los casos más graves. Al final mi marido paró un coche en la carretera y rogó al conductor que nos llevara a cualquier hospital.

Había intensos bombardeos; no sabíamos si lo lograríamos. Afortunadamente, condujo a una velocidad increíble y llegamos al hospital en solo 12 minutos. Mi mayor temor era que nos quedáremos sin gasolina en medio de la calzada con los proyectiles lloviendo a nuestro alrededor.

Durante el parto, estuve sola, sin compañía de mis familiares ni de la familia de mi marido. No queda nadie en Alepo este. Somos los únicos que quedamos en la ciudad.

Cinco horas después de llegar al hospital di a luz a mi bebé. Entonces comenzaron los problemas. Sufrí una hemorragia, así que me pusieron barras de hielo sobre mi estómago y dentro del útero para tratar de detener el sangrado.

Hice todo lo posible para amamantar al bebé, a pesar de no haber comido nada y estar desnutrida.

Me dieron de alta el mismo día porque el bombardeo era muy persistente y el hospital no estaba protegido adecuadamente. Poco después de salir del hospital, cuatro misiles explotaron justo en frente del edificio.

Mi bebé permaneció en el hospital otros 15 días. Pesaba solo 1,2 kilogramos. No tenía esperanzas de que sobreviviera, pero aguantó y lo hizo.

En agosto, durante los primeros meses del asedio, las cosas no estaban tan mal como ahora. Todavía tenían leche artificial en el hospital. Podían preparar un biberón para mi bebé y le alimentaban, o bien yo me extraía le leche y le daba de comer.

Pero ahora no hay leche artificial y estoy moliendo arroz y alimentándole con eso en lugar de con leche preparada para bebés.

Está perdiendo peso y está muy débil. ¿Se supone que debo sentarme a verlo morir ante mis ojos?

El resto de mis hijos también están increíblemente delgados porque casi no tenemos nada que comer.

Hace tres meses que no hay pañales, así que la gente está usando harapos pero estos provocan erupciones a los bebés. Mi hija padece una tos muy fea, pero como el hospital infantil ha sido bombardeado no sé dónde llevarla. El bebé tiene dificultades para respirar, pero no podemos llevarlo fuera de la zona oriental de Alepo. Estamos esperando a que nuestros hijos mueran.

Cuando nace un bebé, algunas personas creen que vienen a cubrir el vacío dejado por otros niños que han perdido. Pero para mí, en estas condiciones, creo que se trata de un gran error. Después de darle a luz, me sentí muy triste. ¿Lo he traído al mundo para que viva una vida como esta?

Ni siquiera sé si sobreviviremos a esto. Me rompe el corazón ver a los niños corriendo hacia mí, asustados, cada vez que escuchan un avión.

Solo espero que mis hijos estén sanos y salvos. Espero que no resulten heridos, porque no hay hospitales para llevarlos y no puedo verlos morir ante mis ojos».

Este testimonio fue recabado el 16 de noviembre

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