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23.06.2021

Libia: La violencia nos obliga a suspender nuestras actividades en los centros de detención de Trípoli

Hasta que no cesen los abusos contra las personas encerradas y mejoren las condiciones de seguridad para nuestro personal, no podemos continuar prestando servicios médicos en los centros de detención de Mabani y Abu Salim.

Un guardia cierra la puerta de una celda en el centro de detención de Abu Salim, en Trípoli, Libia. Marzo de 2017
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Trípoli/ Madrid, 22 de junio de 2021

Tras los repetidos actos de violencia contra personas refugiadas y migrantes recluidas en dos centros de detención de Trípoli, desde Médicos Sin Fronteras (MSF) nos vemos obligados a suspender temporalmente nuestras actividades en los centros de detención de Mabani y Abu Salim.

"No es una decisión fácil de tomar, ya que significa que no estaremos presentes en los centros de detención donde sabemos que la gente sufre a diario", reconoce Beatrice Lau, nuestra coordinadora general en Libia. "Sin embargo, el patrón persistente de incidentes violentos y daños graves a personas refugiadas y migrantes, así como el riesgo para la seguridad de nuestro personal, ha alcanzado un nivel inaceptable. Hasta que no cese la violencia y mejoren las condiciones, MSF no puede seguir prestando atención humanitaria y médica en estas instalaciones".

Desde febrero, los casos de malos tratos, abusos físicos y violencia contra las personas retenidas en estos centros de detención han aumentado de forma constante. En tan solo una semana, nuestros equipos han sido testigos de primera mano y han recibido informes de al menos tres sucesos violentos que han causado graves daños físicos y psicológicos.

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Personas detenidas en el centro de detención de Abu Salim, en Trípoli. Pasan allí meses sin saber cuándo serán liberadas. Libia, marzo de 2017

Durante una visita realizada el 17 de junio al centro de detención de ‘Recogida y Retorno’ de Mabani, donde se calcula que hay al menos 2.000 personas recluidas en celdas en condiciones de hacinamiento, fuimos testigos de actos de violencia llevados a cabo por los guardias, incluyendo golpes indiscriminados a personas que intentaban salir de sus celdas para pasar a consultas médicas con nuestro personal sanitario.

Nuestro equipo recibió informes sobre el aumento de las tensiones la noche anterior, tensiones que culminaron en actos de violencia masiva que dejaron heridos tanto entre las personas migrantes y refugiadas como entre los guardias. Atendimos a 19 pacientes con lesiones causadas por golpes, como fracturas, cortes, abrasiones y traumatismos. Un niño migrante no acompañado quedó incapacitado para caminar tras sufrir graves heridas en los tobillos. Otras personas relataron haber sufrido abusos físicos y verbales por parte de los guardias.

A principios de la misma semana, el 13 de junio, dispararon armas automáticas contra las personas retenidas en el centro de detención de Abu Salim, causando múltiples víctimas, según los informes que recibimos. Durante los siete días siguientes al incidente, se nos negó el acceso al centro de detención, lo que suscitó la preocupación por las repercusiones de la falta de tratamiento para las personas que padecieran heridas potencialmente graves y para los enfermos en estado crítico. El aumento de la violencia desde principios de año va acompañado de un incremento importante del número de personas refugiadas, migrantes y solicitantes de asilo interceptadas en el mar por los guardacostas libios financiados por la Unión Europea. Estas personas son devueltas a la fuerza a Libia y encerradas en centros de detención. Hasta el 19 de junio, más de 14.000 personas han sido interceptadas y devueltas a Libia, superando el número total de devoluciones forzosas de todo el año 2020.

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Centro de detención de Abu Salim, en Trípoli, Libia. Marzo de 2017

Esto ha dado lugar a un grave hacinamiento en los centros y a un deterioro de las ya deplorables condiciones de estas instalaciones. La mayoría de los centros de detención carecen de ventilación y luz natural; algunos están tan superpoblados que hasta cuatro personas comparten un metro cuadrado de espacio, obligándoles a hacer turnos para acostarse y dormir. Las personas encerradas en los centros carecen de acceso constante a agua limpia e instalaciones higiénicas.

Además, migrantes y refugiados no reciben suficientes alimentos. Apenas pueden hacer una o dos pequeñas comidas al día, normalmente un pequeño trozo de pan con queso o un plato de macarrones que tienen que compartir entre muchos. Nuestro personal sanitario ha observado que, ante la falta de alimentos, la gente a veces utiliza la medicación para controlar el hambre. La falta de alimentos nutritivos suficientes ha provocado que algunas mujeres no puedan producir leche materna para alimentar a sus bebés. Una mujer nos relató que estaba tan desesperada por alimentar a su bebé de cinco días que intentó darle su ración de comida sólida para que no se muriera de hambre.

En estas condiciones inhumanas, las tensiones suelen desencadenar estallidos de violencia entre los guardias y las personas detenidas arbitrariamente en los centros.

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Un hombre encerrado en el centro de detención de Abu Salim, en Trípoli, Libia. Marzo de 2017

Pedimos el fin de la violencia y la mejora de las condiciones de las personas refugiadas y migrantes atrapadas en los centros de detención de Mabani y Abu Salim. También reiteramos nuestro llamamiento para que se ponga fin a la prolongada práctica de la detención arbitraria en Libia, y para que se evacúe de inmediato del país a refugiados, solicitantes de asilo y migrantes expuestos a riesgos que amenazan sus vidas.

"Nuestros compañeros han visto y oído hablar de hombres, mujeres, niñas y niños vulnerables, ya retenidos en condiciones desesperadas, que están siendo sometidos a más abusos y situaciones que ponen en riesgo sus vidas", afirma Ellen van der Velden, nuestra directora de operaciones. "Ninguna otra persona interceptada en el mar por los guardacostas libios financiados por la UE debe ser obligada a volver a Libia y a los centros de detención. La violencia en los centros debe terminar y todas las personas atrapadas en estas condiciones inhumanas deben ser liberadas".
 

Trabajamos en centros de detención en Libia desde 2016, brindando a las personas recluidas atención médica primaria y apoyo psicosocial. También identificamos a las personas vulnerables y derivamos a aquellos pacientes que requieren atención especializada a hospitales de Libia

En Zuwara, mediante un nuevo proyecto, brindamos servicios médicos, psicosociales y de protección a las comunidades de personas refugiadas y migrantes. En Bani Walid, nuestros equipos ofrecen atención médica general y derivaciones médicas a refugiados y migrantes que escaparon del cautiverio, así como a víctimas de tortura y trata. También brindamos apoyo técnico al Programa Nacional de Tuberculosis de Libia, dirigido por el Centro Nacional para el Control de Enfermedades, y gestionamos un proyecto de atención para casos de tuberculosis en Misrata.

En la primera mitad de 2021, en los centros de detención de Trípoli, nuestros equipos brindaron atención médica a 8.920 personas, realizaron 9.248 consultas médicas y organizaron la derivación de 405 pacientes a hospitales de toda la ciudad.