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11.06.2020

Creció en un campo de desplazados y ahora trabaja para MSF ayudando a los demás

Aisha Akello nació en Uganda y se encontró por primera vez con Médicos Sin Fronteras (MSF) cuando vivía en un campo de desplazados y su hermano necesitaba tratamiento de urgencia por desnutrición. Pasaron más de treinta años desde ese entonces. Ahora trabaja como matrona en MSF y cuenta su inspirador relato.

Aisha Akello en Nigeria.
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Por Aisha Akello, de Uganda, enfermera y partera de Médicos Sin Fronteras.

Desde mayo de 2019 trabajo en el hospital de MSF ubicado dentro del campamento para desplazados internos en Ngala, al noreste de Nigeria. De niña era como ellos… una desplazada.

Conflicto en Uganda

Mi historia con MSF comienza cuando tenía unos 8 años. Soy del norte de Uganda y en esa época (cerca de 1988) había un conflicto activo en mi pueblo. Los rebeldes venían de noche a asaltar y secuestrar personas, así que pasábamos la noche en la calle, en las afueras del pueblo, y de día nos quedábamos en casa.

En un momento, tuvimos que irnos de nuestro pueblo y nos mudamos a un campamento para desplazados internos. Vivíamos en una pequeña choza de barro y paja –como los refugios que hay aquí en Ngala. Éramos nueve niños y nuestros padres.

Recuerdo que uno de mis hermanos quedó gravemente desnutrido. Estaba realmente enfermo. Lo llevaron a un centro de nutrición terapéutica en el campamento que dirigía MSF en esa época.

Gracias al tratamiento de MSF, mi hermano se recuperó y pudo jugar de nuevo.

Cuando veíamos pasar los vehículos de MSF por el campamento, solíamos gritar: “¡dennos Plumpy’Nut!” (alimento terapéutico que utiliza MSF para tratar a los niños desnutridos). Lo curioso es que en ese entonces ya sabía lo que era Plumpy’Nut.

Regreso a clases

Hasta el secundario, fui a una escuela para desplazados ubicada fuera del campamento. Cuando tenía 15 años, sin embargo, se decidió que me casaría. Después de dar a luz un niño a los 16 años, afortunadamente me las arreglé para regresar a la escuela.

Luego de un tiempo, recibí una beca para ir a una escuela de enfermería y obstetricia.

Al principio no me gustaba la obstetricia porque me asustaba ver y ayudar en los partos. La primera vez que asistí en un parto, como pasante, ¡estaba tan asustada que casi me orino! Pero después de algunas experiencias, gané confianza y motivación para practicarla.

En ese momento, me volví a conectar con MSF…

Sueño cumplido

El hospital donde hacía la pasantía estaba cerca de mi pueblo y del campamento para desplazados internos. MSF dirigía un centro de nutrición terapéutica cerca del hospital y nos transferían a las embarazadas al momento del parto. Yo recibía a esas pacientes de manera proactiva y trabajaba en conjunto con uno de los traductores de MSF, Solomon, que acompañaba a las madres y con un enfermero de MSF que era parte del personal internacional.

Un día un enfermero de MSF se acercó y me dijo: “siempre me cuentan sobre ti, Aisha, y me dicen que cuidas bien a las pacientes”.

Eso me abrió una puerta para unirme a Médicos Sin Fronteras.

Como todavía era pasante en la escuela, comencé a trabajar todos los días como asistente de enfermería. Después de obtener mi certificado en obstetricia, me contrataron como enfermera cuatro años hasta que se cerró el proyecto en 2007.

Luego, trabajé de nuevo con MSF, pero esta vez como matrona, desde 2010 hasta 2012, cuando decidí postularme para ser parte del personal internacional. ¡Desde entonces trabajo como matrona en todo el mundo con MSF!

Volver al punto de partida

Cuando era niña y vivía en el campamento para desplazados internos, nuestro sueño era tocar un vehículo de MSF. Se sabía que era una organización que respaldaba y salvaba a nuestra gente cuando teníamos grandes dificultades.

Mi madre se siente muy orgullosa de verme trabajar para MSF con una camiseta de la organización. Mi hermano, que fue tratado por MSF, ahora tiene 32 años y un hijo.

Cuando vivía en el campamento, nunca me imaginé haciendo lo que estoy haciendo ahora.

De regreso a Nigeria, mi responsabilidad aquí es ayudar a mejorar las habilidades y capacidades del personal local para garantizar partos seguros. Haber sido parte del personal local de MSF en Uganda me ayuda a entender qué piensan y cómo trabajan.

La situación en el campamento sigue siendo difícil, y falta de conocimiento sobre los servicios de salud disponibles.

Pero agradezco poder trabajar para personas que necesitan apoyo, al igual que yo hace 30 años.