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26.03.2020

Se acerca el fin de la epidemia de Ébola en República Democrática del Congo

Estamos en cuenta regresiva: si no aparecen casos nuevos, el 13 de abril se dará por terminado el segundo brote de Ébola más grande de la historia de la humanidad y el más largo. Aunque genera alivio, no es momento de festejar.

Un miembro de nuestro personal se prepara para en la zona de alto riesgo en el centro de tratamiento del Ébola (CTE) en Beni, en República Democrática del Congo. (Septiembre de 2019)
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Por Karline Kleijer, directora de respuesta a emergencias de Médicos Sin Fronteras.

Hoy, mientras el mundo está enfocado en la pandemia de coronavirus COVID-19, el segundo peor brote de Ébola de la historia de la humanidad finalmente está llegando a su fin.

En los últimos meses, el número de casos de Ébola ha disminuido, al fin. Tras más de 18 meses y con más de 2.250 personas fallecidas, nos encontramos ahora en una cuenta regresiva para el final, pues el último paciente confirmado de Ébola fue dado de alta a principios de marzo.

Sin embargo, a pesar del alivio que supone el posible fin de este brote, este no es momento para celebrar. No podemos etiquetar la respuesta al Ébola como un éxito. De hecho, la respuesta no puede ser etiquetada como algo más que un fracaso sistemático y catastrófico que dejó miles de muertos.

Después de la declaración de la epidemia, el 1 de agosto de 2018, se lanzó rápidamente una respuesta masiva dirigida por las Naciones Unidas (ONU) y el Ministerio de Salud, con la ayuda de herramientas que no estaban disponibles o estaban severamente limitadas en brotes de Ébola anteriores, como nuevas vacunas en fase de investigación y tratamientos terapéuticos.

Sin embargo, a pesar de esto, el brote duró más de 18 meses y la tasa de mortalidad se mantuvo muy alta, entre el 60 y el 70%. Es más alta que la tasa de mortalidad en el brote de África occidental de 2014-2016, cuando dichos tratamientos experimentales o vacunas no estaban disponibles.

Ahora es el momento de hacer preguntas críticas a todos los actores de la respuesta, incluyéndonos a nosotros mismos, a la Organización Mundial de la Salud, al Ministerio de Salud (OMS), las autoridades de República Democrática del Congo, a los líderes de Naciones Unidas, a los países donantes y a las ONG internacionales.

  • ¿Por qué tuvimos una tasa de mortalidad más alta que en África occidental, cuando tuvimos todos estos nuevos tratamientos y vacunas disponibles?
  • ¿Por qué las comunidades estaban atacando a los trabajadores de salud enfocados en la respuesta al Ébola, así como a los centros de tratamiento?
  • ¿Por qué se necesitaron más de 300 ataques contra trabajadores y centros de salud para que algo cambiara?

Sí, este brote fue el primero que tuvo lugar en un área donde existe conflicto activo, donde el acceso a la atención médica y otras necesidades masivas es deficiente. No hay duda de que este complejo contexto impuso muchos desafíos y barreras que obstaculizaron la respuesta, incluida la vacunación impedida por un sistema de vigilancia que a menudo se paralizaba durante los períodos de violencia intensificada y el desplazamiento de personas, dificultando el seguimiento de contactos y el control de la transmisión.

Sabemos que el enfoque estrecho y centrado en el Ébola adoptado por la intervención desde el principio, junto con las agresivas medidas coercitivas, fueron factores cruciales en el fracaso de la respuesta al Ébola, ya que simplemente fallamos desde el principio en ganarnos la confianza de la comunidad.

Se puso demasiado énfasis en contener el virus en lugar de apoyar a las personas afectadas. Y sin la confianza de la comunidad, fallamos a la población del país.

Vimos una y otra vez que las capacidades internacionales existentes para responder al Ébola, como los laboratorios, no se utilizaron a pesar de las brechas masivas existentes en el terreno.

Hubo una movilización masiva de recursos financieros y humanos para esta respuesta. ¿Por qué aquellos que tenían control ilimitado sobre estos recursos, como el Ministerio de Salud y la OMS, no ajustaron la respuesta de manera adecuada y oportuna, cuando estaba claro que no era eficaz?

En este momento, a medida que surgen los primeros casos de COVID-19 en República Democrática del Congo, es necesario enfocarse en finalizar por completo este brote de Ébola y responder a las necesidades no cubiertas de las crisis humanitarias en curso en el país.

Sin embargo, es primordial que todos los actores de la respuesta, entre quienes nos encontramos, reflexionemos críticamente no solo sobre cómo fallamos, sino en qué deficiencias del sistema llevaron a esta falla y así evitar cometer los mismos errores en el futuro.

República Democrática del Congo (RDC) declaró el brote de Ébola el 1 de agosto de 2018. Superó los 3.000 casos registrados y se convirtió en el mayor brote de Ébola del país y en la segunda mayor epidemia de Ébola jamás registrada, detrás del brote de África occidental de 2014-2016.

El 17 de julio de 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció que el brote actual de ébola en la República Democrática del Congo era una emergencia de salud pública internacional

El último caso confirmado se registró el 17 de febrero de 2020, sin embargo, el brote aún no ha terminado y existe una necesidad continua de vigilancia.