Día de la Enfermería: empáticos, empoderados y esenciales

En el Día Internacional de la Enfermería, celebramos a nuestras enfermeras y enfermeros, así como sus habilidades, compasión y empatía mientras acompañan a los pacientes a lo largo de sus procesos de atención sanitaria, desde el nacimiento hasta el final de la vida, allí donde estén.

El personal de enfermería es la piedra angular de los sistemas de salud en todo el mundo. Constituyen un elemento fundamental de nuestra acción médico-humanitaria. Contamos con el trabajo comprometido de más de 10.000 enfermeras y enfermeros en todo el mundo para proporcionar atención sanitaria esencial. Se trata del mayor grupo profesional dentro de nuestras operaciones.

A menudo trabajando en sus propias comunidades, el personal de enfermería también soporta el peso de los desafíos colectivos, mientras contribuye de manera crucial a la resiliencia de las personas.

La escasez mundial de personal sanitario afecta de forma especialmente grave al personal de enfermería. Los países de bajos ingresos tienen una densidad de enfermeras 10 veces menor que los países de altos ingresos, según el informe State of the World’s Nursing de 2025. Al mismo tiempo, las emergencias humanitarias desplazan al personal sanitario y alteran los sistemas en los que trabajan. Esto pone en riesgo el acceso de las personas a cuidados esenciales y sus propias vidas.

“He visto demostraciones increíbles de humanidad en medio de todo esto, y vienen del personal de enfermería. Son las enfermeras quienes hacen seguimiento de estos pacientes, y además suelen atender a muchos más pacientes de los razonables en muchos casos. Y creo que olvidamos que, en su día a día, están viendo muchísimo trauma… Siempre me siento increíblemente orgullosa de ver cómo las enfermeras de MSF siguen manteniendo su humanidad, y creo que eso es una cualidad extraordinaria”.

Jean Stowell, nuestra primera responsable de enfermería.
Susan Adingo, enfermera de cuidados paliativos, en el hospital de Homa Bay, en Kenia.
«Siempre he sentido un cariño especial por las personas enfermas y necesitadas», afirma Susan. «Mis padres me apoyaron cuando se dieron cuenta de mi interés por ayudar a los demás, especialmente a los enfermos. Juntos tomamos una decisión de mutuo acuerdo. Así que me matriculé en una escuela de enfermería. Y así comenzó mi trayectoria». ©Zainab  Mohammed/MSF

Una carrera inspirada por la conexión humana

El camino de Abdulrahman Arour hacia la enfermería comenzó en 2011, durante la guerra en Siria. “Con los bombardeos y la destrucción, fui testigo directo del sufrimiento de las personas. Eso me hizo querer formar parte de los equipos médicos para ayudarles y aliviar su dolor”, explica.

“Participé en el traslado de heridos, ayudé a rescatar personas atrapadas bajo los escombros, presté primeros auxilios y trasladé a los heridos al punto médico más cercano de la zona. Eso me animó a matricularme en la Escuela de Enfermería de Alepo”.

Hoy Abdulrahman trabaja como enfermero en nuestra unidad de quemados en Atmeh, en el noroeste del país. Allí, muchas personas siguen desplazadas y viven en campamentos sin servicios básicos como calefacción o electricidad. El combustible disponible para cocinar o calentarse es de mala calidad y las personas viven hacinadas en pequeñas tiendas de campaña. “Todos estos factores han provocado numerosos casos de quemaduras, especialmente entre mujeres y niños”, explica.

“Cuando un paciente con quemaduras llega al hospital, normalmente sufre varios problemas. Una quemadura puede causar problemas psicológicos y secuelas físicas como deformaciones de la piel”. En las secuelas compartidas de la guerra, Abdulrahman cuida a pacientes con quemaduras tras sus cirugías y durante todo su proceso de rehabilitación.

Al igual que Abdulrahman, Djibril Ouedraogo eligió la enfermería para aliviar el sufrimiento. Su rostro se ilumina cuando habla de la profesión que eligió en su Burkina Faso natal. “Cuando estudiaba en la Escuela Nacional de Salud Pública tenía claro que quería trabajar en el sector humanitario. Apoyar la acción humanitaria ayuda a garantizar que las comunidades vulnerables tengan acceso a atención sanitaria”, explica Djibril. Nuestro supervisor de enfermería en Dédougou, en colaboración con el Ministerio de Salud, forma parte de un equipo que atiende tanto a jóvenes como a personas mayores.

“Tenemos muchas personas que han tenido que abandonar sus ciudades y que ahora están en Dédougou”, explica Djibril, en referencia a las sucesivas olas de conflicto armado desde 2022. Algunas viven con enfermedades crónicas como hipertensión o diabetes, difíciles de manejar para cualquier persona, viva donde viva. “Son pacientes con los que debemos generar confianza y tranquilizar desde el primer momento del triaje. Una vez instalados fuera de la sala de tratamiento… organizamos apoyo en salud mental con un equipo especializado. Después, en la consulta, el paciente se siente tranquilo; si antes había algo de lo que no quería hablar, ahora se siente seguro y realmente cómodo para hablarlo con el enfermero”.

Abdularahman Arour, enfermero de la unidad de quemados en Atmeh, Siria. © Abdulrahman Sadeq/MSF

Trabajar más debido a la escasez

Los datos mundiales sobre enfermería muestran un enorme abismo entre países de bajos ingresos como Afganistán o Burkina Faso y países de altos ingresos como Australia, Suiza o Estados Unidos. En unos casos hay menos de 10 profesionales de enfermería por cada 10.000 habitantes; en otros, más de 100. Estas bajas cifras suelen reflejar obstáculos como menores oportunidades educativas, salarios más bajos y entornos laborales más duros.

La supervisora de equipos de enfermería Fatima Sadiqi ha desarrollado su carrera con resiliencia frente a estos desafíos. “Comencé a trabajar con MSF en 2014 como enfermera de urgencias”, explica durante un turno en el centro de nutrición terapéutica para pacientes hospitalizados que MSF gestiona dentro del Hospital Boost, en la provincia afgana de Helmand. “Desde entonces he crecido dentro de la organización, asumiendo más responsabilidades y desarrollando mis capacidades, lo que me llevó a mi puesto actual”.

El Hospital Boost de Helmand es un importante hospital de referencia para el sur de Afganistán y “muchos pacientes llegan en estado muy crítico y requieren atención urgente y especializada. Nuestros desafíos incluyen una elevada carga de trabajo, pacientes críticos y recursos limitados”, explica. “Pero afrontamos estas dificultades gracias al trabajo en equipo, una buena comunicación entre nosotros y manteniendo la calma bajo presión”.

Sin embargo, cada vez es más difícil encontrar suficientes enfermeras para atender esta elevada carga de pacientes. Desde 2022, las mujeres y niñas tienen prohibido asistir a la universidad, incluidos los estudios médicos y paramédicos, lo que les impide incorporarse como enfermeras tituladas al sistema sanitario.

Las emergencias humanitarias prolongadas también están interrumpiendo la formación de enfermería y la incorporación de nuevos profesionales en todo el mundo. Escuelas cerradas, estudiantes desplazados o luchando simplemente por sobrevivir. Muchas enfermeras tampoco pueden avanzar hacia especializaciones como anestesia o práctica avanzada. Quienes han huido como refugiadas, además, pueden no tener permiso para trabajar.

Las enfermeras participan en procesos de formación continua en todos nuestros proyectos de, y nuestra academia, la MSF Academy for Healthcare, desarrolla programas prácticos de formación en el lugar de trabajo para auxiliares y personal de enfermería en varios países donde trabajamos. Pero nada puede sustituir los años de aprendizaje y desarrollo que normalmente proporcionarían los currículos nacionales.

Susan Adingo, enfermera de cuidados paliativos, ajusta la vía intravenosa de un paciente en el hospital de Homa Bay, en Kenia. © Zainab Mohammed/MSF

La educación es solo una parte del empoderamiento

“Parte de la satisfacción de ser enfermera es llegar a ser realmente buena en tu trabajo, y todas las enfermeras quieren eso. Quieren hacer muy bien su labor, quieren cuidar a las personas de la mejor manera posible”, afirma Jean.

Sin embargo, en un mundo altamente medicalizado, el trabajo y la contribución del personal de enfermería pueden pasar desapercibidos, pese a la enorme cantidad de investigaciones que demuestran la importancia de los cuidados enfermeros. En parte, esto se ha relacionado con la infravaloración histórica de los cuidados asociados a las mujeres. Pero incluso en culturas donde la enfermería incluye a más hombres, las enfermeras siguen sin ser valoradas del mismo modo que los médicos u otras profesiones especializadas.

Jean añade: “Los buenos cuidados de enfermería muchas veces no se notan”, especialmente los cuidados preventivos y el sufrimiento evitado gracias a ellos. El juicio clínico y la capacidad de toma de decisiones de las enfermeras también pueden quedar eclipsados por otras contribuciones percibidas como más críticas en una crisis.

Aunque gran parte del trabajo de las enfermeras y enfermeros no esté en el centro de atención, son aliados esenciales tanto para los pacientes como para sus compañeros sanitarios. No solo salvan vidas: también pueden desempeñar un papel clave en la construcción del futuro de la atención sanitaria, allí donde estén.

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