Relatos de maternidad: el desafío de dar a luz sin perder la vida

Mortalidad materna

Los relatos de maternidad en rincones muy alejados del planeta revelan que los problemas de las mujeres para poder dar a luz sin perder la vida, son muy similares a pesar de la distancia. Y son evitables.

Hermina vive en la República Centroafricana (RCA), Murjanatu en el norte de Nigeria y Sabera lleva años en un campo de refugiados para rohingyas en Bangladesh. Las dificultades a las que se enfrentan estas mujeres por el simple hecho de estar embarazadas, las acerca mucho en sus experiencias de maternidad.

La historia de Hermina: cuando la distancia perjudica

Mortalidad materna
Herminia Nandole caminó desde las 5 de la mañana hasta las 9 para llegar al hospital tras sufrir un fuerte dolor de espalda, viajando sola desde su pueblo hasta el centro de salud. Ahora se encuentra en la sala de espera Bignola del hospital de Batangafo, donde se cubren todos los gastos y la atención médica, algo que su marido no podía permitirse. Herminia sueña con que su hija sea médica algún día.

“Caminé de las cinco hasta las nueve de la mañana. Tuve que venir sola. Mis padres llegaron al día siguiente. Mi marido quería acompañarme, pero se le estropeó la bicicleta”, cuenta Hermina Nandode mientras acuna a su bebé, envuelta en una manta de colores.

Está en el hospital de Batangafo, en el norte de la RCA, donde algunas mujeres viajan hasta cien kilómetros para recibir atención médica durante el embarazo. Los relatos de maternidad de estas mujeres se asemejan en la distancia, y los diagnósticos del personal que las atiende también.

Los desafíos para el personal médico

Enfermeras en maternidad de Nigeria
Las enfermeras del Ministerio de Salud preparan un «paquete para mamás» para las mujeres embarazadas que pronto darán a luz en la sala de partos de la maternidad del Hospital General Shinkafi. Estado de Zamfara, Nigeria.

“Las dificultades empiezan con un acceso limitado a atención obstétrica por falta de centros de salud», dice Nadine Karenzi, referente médica en Batangafo de Médicos Sin Fronteras (MSF). «Luego está la distancia desde las aldeas a las clínicas, la falta de transporte, la inseguridad y el coste del viaje».

Algunos centros solo abren hasta primera hora de la tarde. Además, la inseguridad a veces impide la presencia de personal cualificado o de los medicamentos esenciales.

La historia de Murjanatu: el costo del acceso a la salud

Mortalidad materna

En el norte de Nigeria, Murjanatu espera en el Hospital General de Shinkafi, apoyado por MSF, antes de ser trasladada a otro centro para tratar su anemia severa. Retrasó decisión de buscar atención médica por el precio de incluso las revisiones prenatales más básicas.

“Si no tienes dinero, ni siquiera puedes ir a consulta. Nadie te atiende si no pagas”. Algunas mujeres de la zona recorren más de 200 kilómetros para acceder a los servicios gratuitos que ofrece MSF en Shinkafi.

La historia de Sabera: las consecuencias de ser mujer

Mortalidad materna, las consecuencias de ser mujer
Sabera, de 38 años, está esperando su sexto hijo. Al igual que muchos refugiados rohingya en Cox’s Bazar, tiene dificultades para acceder a la atención médica.

En Cox’s Bazar, en Bangladesh, Sabera comparte una situación similar.

“A veces tenemos que vender cosas de la casa o pedir dinero cuando tenemos una emergencia médica”. A punto de dar a luz a su sexto hijo, también apunta uno de los obstáculos más extendidos: “Algunos maridos permiten que sus mujeres vayan al hospital, pero otros no”.

“Una mujer puede estar sufriendo en casa, incluso sangrando o con una complicación grave, pero no se la dejan ir al hospital sin el permiso del marido”, explica Patience Otse, matrona supervisora de MSF en Shinkafi. “A veces, el marido ni siquiera está en casa y ella tiene que esperar a que vuelva”.

Los números reales de la mortalidad materna

Raquel Vives, matrona y experta en salud sexual y reproductiva de MSF, alerta de que las muertes maternas a menudo pasan desapercibidas, aunque Naciones Unidas advierte de que cada dos minutos muere una mujer por complicaciones relacionadas con el embarazo o el parto.

“No son tragedias inevitables: la mayoría podrían prevenirse con atención médica a tiempo”, sostiene. “La clave es que el mayor número posible de mujeres pueda dar a luz en un centro de salud con personal cualificado. Pero en muchos lugares donde trabajamos, los recursos son muy limitados incluso para los partos sin complicaciones. Cualquier recorte de recursos para actividades humanitarias agravará aún más la crisis, y aumentará el riesgo para miles de mujeres y recién nacidos”.

Una enfermera prepara a una paciente para el parto
Una enfermera del Ministerio de Salud examina y prepara a una paciente para el parto. Hospital General Shinkafi, estado de Zamfara, Nigeria.

Muchas de las complicaciones que amenazan la vida de mujeres y niñas embarazadas son prevenibles. Hemorragias, obstrucciones en el parto e infecciones encabezan la lista.

La hipertensión no diagnosticada es una amenaza porque puede derivar en eclampsia, una afección potencialmente mortal. Madina Salittu, matrona del Hospital General de Shinkafi, lo explica: “A veces la hipertensión está relacionada con la inseguridad, el miedo y la ansiedad. Muchas mujeres no tienen acceso a cuidados prenatales y nadie controla su presión arterial”.

La anemia es otro factor de riesgo: “De cada 90 mujeres embarazadas que recibimos, puede que unas 70 tengan anemia. Eso aumenta la necesidad de transfusiones”, detalla Patience Otse.

“Una de las causas más significativas y a menudo invisibles de la mortalidad materna es el aborto inseguro. Cuando no es mortal, puede dejar secuelas graves como infertilidad y dolor crónico. En muchos de nuestros proyectos, tratamos regularmente a mujeres con complicaciones potencialmente mortales tras abortos realizados por ellas mismas o por personas sin formación, en condiciones insalubres. Las leyes restrictivas, el estigma y la falta de acceso a anticonceptivos empujan a las mujeres a procedimientos peligrosos”.

Raquel Vives, matrona y experta en salud sexual y reproductiva de MSF

El estigma social y los obstáculos culturales en la maternidad

Relatos de maternidad, los desafíos de ser mujer en RCA
Fiossona Alida, una paciente de la sala de espera de Bignola, sobrevivió gracias a MSF. Estaba al borde de la muerte cuando la derivaron al hospital de Batangafo para una transfusión de sangre, donde recibió nueve bolsas en total. Ahora espera pacientemente el día del parto, sin dejar de recibir atención a través del sistema de Bignola.

Alida Fiossona espera su tercer hijo en Bignola, una casa de espera de maternidad creada por MSF junto al hospital de Batangafo para garantizar que las mujeres con embarazos de riesgo reciben atención a tiempo. Más allá de los problemas médicos, Alida señala el peso de algunos estigmas: “Algunos se burlan y marginan a las que venimos aquí. Pero mi salud es más importante, sus opiniones no me importan”.

En Nigeria, Otse explica cómo las creencias culturales también ejercen presión: “Si das a luz en casa, te ven como una mujer fuerte. Si vas al hospital, no”.

La importancia de acudir al hospital

El idioma puede ser otro obstáculo. Emmanuelle Bamongo, matrona de MSF en el hospital de Batangafo, explica que muchas mujeres evitan acudir a la casa Bignola por miedo a ser ridiculizadas por no hablar sango, la lengua mayoritaria.

Es, por ejemplo, el caso de Honorine Dilyo, que está ahora en la casa de espera. Será la primera vez que dé a luz en un hospital tras diez embarazos previos, de los cuales solo sobrevivieron seis hijos.

“No tenemos dinero. Para ir al hospital necesitas ropa para ti y para el bebé, pero no podíamos comprar nada. Y no hablo sango”, cuenta Honorine. Su decisión se vio influenciada por las complicaciones que sufrió en embarazos anteriores y por el consejo de los agentes de salud comunitaria de MSF en su aldea.

“Antes me avergonzaba no tener nada. Pero después de lo que he visto, si vuelvo a quedarme embarazada haré todo lo posible por ir a un hospital. He dejado lo demás de lado porque quiero volver a casa con mi bebé y con salud”.

“Antes de que existiera esta casa de maternidad — recuerda Ruth Mbelkoyo, trabajadora de MSF —, muchas mujeres perdían a sus bebés de camino hacia centros de salud lejanos. Algunas incluso perdían la vida. Recuerdo a una mujer de Kabo —localidad a 60 kilómetros de Batangafo— que había perdido sus tres primeros embarazos. El cuarto lo tuvo en el hospital y dio a luz con éxito”.

¿Qué está haciendo MSF por la maternidad?

Matrona MSF Nigeria
Patience Otse, supervisora de matronas de MSF en Shinkafi

En 2024, nuestros equipos ayudaron a dar a luz a más de 1.000 madres cada día, 369.000 en total. El 15% de esos partos tuvieron lugar en Nigeria, la República Centroafricana y Bangladesh.

Pero el trabajo va mucho más allá de la sala de partos: se intentan reducir las demoras y barreras que ponen en peligro la vida de las mujeres.

“Utilizamos modelos descentralizados de atención”, explica Patience Otse. “Nuestros equipos no siempre pueden llegar a las mujeres, así que trabajamos con parteras tradicionales y matronas comunitarias, que ayudan en los partos y derivan los casos complicados”. Para esto, operamos una red de motoristas capaces de desplazarse por terrenos especialmente difíciles.

“Aquí, Médicos Sin Fronteras cubre muchas necesidades: desde alimentos y medicinas hasta cirugías cuando son necesarias. También proporciona transporte, tanto hacia el hospital como de vuelta a sus comunidades”, explica Madina desde Shinkafi, en Nigeria.

“También intentamos concienciar sobre la planificación familiar durante las consultas prenatales”, dice Dinatunessa, matrona de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el hospital materno-infantil de Goyalmara, en Cox’s Bazar. “Hacemos todo lo posible por explicar los beneficios de espaciar los embarazos y los métodos disponibles para ello”.

Atención médica a mujeres en República Centroafricana
Hermina y su hija en Bignola

“La mortalidad materna es un reflejo de múltiples factores que amenazan la salud y los derechos de las mujeres, factores que a menudo permanecen en la sombra. Más allá del impacto evidente en la supervivencia de sus hijos, cada madre que muere hace que esos mismos riesgos sean aún mayores para la siguiente generación. La desigualdad de género agrava estos peligros: las mujeres suelen carecer de autonomía, recursos o poder de decisión para acceder a una atención segura y a tiempo”

Raquel Vives, matrona y experta en salud sexual y reproductiva de MSF

Después de tres semanas en Bignola y tras un parto asistido, Hermina sonríe. Pero hace un gesto de preocupación. “No sé qué será de ella”, dice en voz baja. “Es una niña”.

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