Más de un año y medio después del inicio de la crisis de violencia en Catatumbo, al norte de Colombia, el conflicto continúa agravándose y las necesidades médicas y de salud mental siguen creciendo. Los enfrentamientos entre grupos armados, los ataques con drones, las amenazas, los desplazamientos y los confinamientos forzados limitan el acceso de las comunidades a servicios básicos, incluida la atención en salud. Estas son cuatro cosas que debes saber.
¿Qué ha hecho MSF en Catatumbo?
Desde febrero de 2025, desplegamos clínicas móviles para acercar servicios de salud a comunidades con acceso limitado o inexistente a la atención médica. Hasta junio de 2026, nuestros equipos realizaron:
- 68 jornadas de atención en 35 comunidades
- Más de 9.000 consultas médicas
- 900 consultas de salud mental
- 340 sesiones de psicoeducación con más de 4.000 participantes
Los servicios incluyen consulta médica general, atención a personas con enfermedades crónicas, salud sexual y reproductiva, atención psicológica y actividades de promoción de salud y psicoeducación. Además, en casos puntuales, hacemos donaciones de filtros de agua. Todos los servicios y medicamentos son completamente gratuitos y confidenciales. Las personas no necesitan presentar ningún documento para recibir atención.
¿Qué genera el conflicto en la salud de las personas?
En el terreno, nuestros equipos siguen observando efectos directos del agravamiento de la violencia, especialmente en la salud mental, el manejo de las enfermedades crónicas y el acceso a la atención médica.
En salud mental, observamos síntomas de ansiedad, depresión y estrés postraumático. “La mayoría de personas que atendemos cargan con una historia cíclica de violencia, sufrieron asesinatos de familiares 15 o 20 años atrás o han padecido múltiples desplazamientos a lo largo de su vida. Esta nueva ola de conflicto se suma a ese trauma”, explica Esteban Mosquera, psicólogo de MSF. “Las personas están agotadas de tener que empezar de nuevo y de vivir en constante incertidumbre”.
Cerca del 60% de los casos de salud mental atendidos por MSF están relacionados directamente con hechos de violencia, separación familiar o pérdidas. Un reto adicional es el temor de muchas personas a hablar de lo que sienten o han vivido. Por ello, insistimos en que nuestros servicios son estrictamente confidenciales y en que buscar apoyo es una forma de cuidado.
Además, las restricciones de movilidad no solo dificultan que las personas busquen atención médica cuando la necesitan; también limitan la llegada de personal sanitario y medicamentos a las zonas rurales. Como consecuencia, muchas personas retrasan consultas, interrumpen tratamientos para enfermedades crónicas o viven durante semanas e incluso meses con problemas de salud sin recibir atención adecuada

El testimonio de nuestros pacientes
“A veces quiero renunciar”, dice el líder de una comunidad rural. Siente que no solo lleva sobre sus hombros la responsabilidad de cuidar a su familia, sino también a otras 150 familias que confían en su liderazgo, pero le frustra saber que no tiene la capacidad de resolver el conflicto. Esa es la realidad de muchos líderes y maestros. Los profesores también se hacen cargo de labores de cuidado como recoger a los niños de camino al colegio e incluso de llevarlos a las consultas médicas. Son los mismos estudiantes que han tenido que proteger cuando las clases quedan en medio de enfrentamientos y ataques.
“Uno aquí vive con miedo”, reitera una mujer que llegó a consulta con sus dos hijas adolescentes. “En el colegio dos veces han tenido que arrumarse (juntarse en un espacio pequeño) todos los niños cuando hay drones, entonces uno siempre está pensando si llevarlos o no. De hecho, uno mismo está pensando si salir o no salir, por el miedo”, dice mientras sus vecinas asienten con la cabeza.
“Yo le dije a mi esposo que nos devolviéramos a Venezuela cuando todo esto empezó”, interrumpe una de ellas. “Y fuimos, pero solo duramos 15 días porque él aquí tiene trabajo y allá no. Unos días después de que volvimos dos vecinas murieron por balas perdidas. Los últimos meses ha estado un poco más tranquilo aquí en la comunidad, rezamos por que se mantenga así”.
¿Qué hace falta en Catatumbo?
La respuesta humanitaria actual sigue siendo insuficiente para cubrir las necesidades existentes en la región. Es urgente que las autoridades regionales y nacionales refuercen los esfuerzos institucionales para garantizar el acceso continuo a servicios básicos para las comunidades más afectadas por el conflicto. Esto incluye una mayor disponibilidad de medicamentos para personas con enfermedades crónicas, así como el fortalecimiento de los servicios de psicología y psiquiatría.
También es urgente llamar a las partes en conflicto para que respeten y protejan a la población civil, y garanticen el acceso seguro a la atención médica. Las comunidades de Catatumbo necesitan poder acceder a servicios de salud, continuar sus tratamientos y recibir apoyo para enfrentar las consecuencias físicas y emocionales de la violencia sin poner en riesgo su seguridad.