Terremoto en Colombia: finalizamos nuestra intervención en Chocó, Risaralda y Valle del Cauca

Tras dos meses de respuesta al sismo que el 10 de agosto sacudió a Colombia, Médicos Sin Fronteras cerró su intervención de emergencia. El terremoto dejó en evidencia nuevamente la vulnerabilidad a la que se enfrentan las comunidades del Pacífico.

Médicos Sin Fronteras (MSF) finalizó su respuesta a la emergencia causada por el terremoto en Colombia que afectó al Pacífico el 10 de agosto de 2026. Durante 10 semanas, nuestros equipos evaluaron una docena de municipios en Chocó, Valle del Cauca y Risaralda. Llevaron clínicas móviles a Buenaventura, Quibdó, Medio Baudó, Alto Baudó, Medio San Juan, Nóvita y Tadó. En Chocó y Valle, llevamos atención médica, salud mental, agua segura y artículos de primera necesidad a comunidades urbanas y rurales, muchas de ellas indígenas y afrodescendientes.

Por otra parte, en Risaralda hicimos sesiones de cuidado en salud mental con trabajadores de primera línea, quienes trabajaron durante días de forma continua en la respuesta a la emergencia.

Evaluando las necesidades

En general, el terremoto en Colombia dejó en evidencia nuevamente la vulnerabilidad a la que se enfrentan las comunidades del Pacífico. Esto requiere de una respuesta integral.


«Lo que encontramos en barrios de Quibdó y Buenaventura, y en las riberas del Baudó y del San Juan, es que las problemáticas preexistentes se agudizaron por el terremoto. Centenares de familias afectadas por conflicto, violencia y restricciones de acceso a servicios básicos perdieron sus hogares y en el Baudó muchas perdieron también sus cultivos por las inundaciones que se dieron posteriormente, quedando en una posición de mayor vulnerabilidad», explica Siham Hajaj, jefa de la misión en Colombia de MSF. “La respuesta de emergencia no es suficiente para solventar todas las necesidades, se requiere una respuesta integral sostenida”, señala.

Nuestra respuesta al terremoto en Colombia

En total, realizamos 5.001 consultas, incluyendo 4.645 de salud física y 356 de salud mental en Chocó y Valle del Cauca. Nuestros equipos multidisciplinarios llevaron clínicas móviles con atención primaria, salud mental, salud sexual y reproductiva, vigilancia epidemiológica, tamizaje nutricional, promoción de la salud y agua, saneamiento e higiene.

En Risaralda acompañamos con sesiones de psicoeducación y cuidado a 200 trabajadores de primera línea. Estos presentaban agotamiento, culpa y síntomas físicos asociados al estrés ante la carga de responder a la emergencia en su territorio.

Chocó

Clínica móvil en las comunidades indígenas del Medio Baudó (Chocó). Dos días después del terremoto, se vieron afectados por la crecida repentina de un río.

Llevamos clínicas móviles a siete barrios afectados de Quibdó, incluidos Medrano, Las Palmas, La Bahía, El Poblado, La Victoria, Zona Minera y Alfonso López. En la zona rural llegamos a comunidades de Medio Baudó, Alto Baudó, Medio San Juan, Nóvita y Tadó. En total realizamos 29 clínicas móviles en las que hicimos 2.524 consultas de medicina, enfermería y salud sexual y reproductiva. También llevamos a cabo 142 consultas individuales de salud mental y 71 sesiones grupales. Cada sesión fue adaptada a la cosmovisión de cada comunidad, con 1.166 participantes.

Agua y saneamiento, una problemática que se agrava

En los seis municipios, identificamos que una proporción importante de las enfermedades provenía del consumo de agua no segura. Debido a esto entregamos 360 filtros y 430 kits de higiene y de cocina. También donamos más de 1.400 pañales y cerca de 700 elementos de cocina, de abrigo y de protección contra mosquitos. Dentro de las consultas médicas también identificamos casi 100 casos de malaria y más de 40 de dengue, especialmente en la zona rural.

«En esta región, además de la deficiente situación de agua y saneamiento, que es crónica, encontramos una situación de vulnerabilidad nutricional provocada por el terremoto y las inundaciones posteriores, que han terminado con las cosechas sobre todo con las poblaciones indígenas» “Es importante apoyar la recuperación de los medios de vida y la seguridad nutricional de estas comunidades”.

Siham Hajaj, Jefa de Misión en Colombia

Buenaventura (Valle del Cauca)

La psicóloga Antonia Cardozo brinda apoyo a las personas afectadas por el terremoto en la escuela del barrio de Palo Seco, en Buenaventura.

Durante cinco semanas, llevamos clínicas móviles de manera rotativa a ocho barrios de Buenaventura: Alberto Lleras, Pascual de Andagoya (o Palo Seco), La Carmelita, Pampalinda, Santa Fe, Unión de Vivienda, Punta del Este y La Inmaculada. En total realizamos 2.121 consultas de salud física y 214 de salud mental. Además, hicimos 137 grupos de psicoeducación con 1.944 beneficiarios. En este municipio también observamos necesidades de agua segura. Allí, entregamos 300 tanques de 200 litros para almacenamiento de agua y 300 filtros de vela.

Además, hicimos donaciones de cocina y desinfección a dos espacios de ‘ollas comunitarias’ y de insumos biomédicos y de limpieza a dos centros de salud. En los barrios más golpeados por el terremoto en Buenaventura, donde el acceso a servicios ya era limitado antes de la emergencia, MSF puso en marcha espacios amigables dirigidos a mujeres, niños, niñas y adolescentes. Allí, las actividades recreativas se combinaron con atención en salud mental y promoción de la salud.

Afectación acumulada

Las consecuencias del terremoto en Colombia se dieron en contextos con necesidades previas por pobreza, violencia y conflicto. En Buenaventura y Quibdó, la pobreza multidimensional es tres a cuatro veces la nacional. Y tras el terremoto muchas de las viviendas siguen en pie por fuera, pero tienen grietas por donde entra el agua y techos sostenidos con apoyos improvisados.

En Buenaventura, la atención y los medicamentos están condicionados a la afiliación; los vacíos en la contratación de los Equipos Básicos de Salud interrumpen la periodicidad de las visitas a las comunidades, y la falta de combustible y de ambulancias retrasa remisiones urgentes. En Chocó encontramos pacientes con diabetes e hipertensión que llevaban semanas sin tratamiento, y comunidades indígenas aisladas sin alimentos suficientes ni agua segura. El impacto en la salud mental también se ha acumulado.

Lo que no se ve: consecuencias en salud mental tras el terremoto en Colombia

Nuestros psicólogos vieron hipervigilancia, ansiedad, alteraciones del sueño y miedo constante a nuevos temblores; en algunas zonas de Chocó emitimos alertas por intentos de suicidio. Las personas en crisis que necesitan seguimiento psiquiátrico urgente no consiguen citas oportunas ni un suministro continuo de sus medicamentos.

“Tras el terremoto, también evidenciamos que el hacinamiento y la precariedad de las viviendas aumentan el riesgo de violencia sexual para mujeres y niñas. Se necesita un acompañamiento cercano desde la perspectiva médica, de salud mental y de protección para prevenir estos casos y responder de manera adecuada y a tiempo cuando ocurran”, explica Siham Hajaj.

En casi todas las zonas a las que llegamos, la primera necesidad que expresaron las comunidades fue la vivienda. Dos meses después, y hasta el final de la intervención, observamos que muchas familias de las comunidades visitadas seguían ocupando sus casas afectadas o estaban siendo recibidas por familias de acogida, lo que afecta las condiciones de vida de ambas. En Brubatá, zona rural de Tadó, según el censo de la comunidad, de 65 viviendas solamente quedó una en pie.

Cómo seguir tras el terremoto

María Cristina Guevara llevaba más de 40 años construyendo su casa y, justo el día antes del terremoto, había comprado ladrillos y cemento para reforzar una parte hecha de madera. «Todo se derrumbó en un segundo».

A partir de lo que vimos durante la intervención, MSF comparte algunas recomendaciones:

  • La atención en salud física y mental debe basarse en las necesidades de las personas y no en su afiliación, y llegar de manera equitativa a las zonas rurales y a los distintos grupos étnicos. También es clave asegurar la continuidad del tratamiento de los pacientes con enfermedades crónicas.
  • La salud mental es una parte fundamental de la respuesta, al igual que el acceso a agua segura y saneamiento y la protección de las personas en riesgo durante la emergencia.
  • La vivienda también es un asunto de salud: tras un terremoto, la rehabilitación y la reconstrucción se vuelven prioritarias por su impacto en el bienestar físico y mental de las familias.
  • Por último, lo que vimos en Risaralda muestra que los momentos de crisis requieren la participación y la solidaridad de todos. Pero cuando la respuesta se extiende en el tiempo, y quienes responden también son víctimas del terremoto, es necesario disponer de los recursos suficientes y apoyar al personal de primera línea.
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