Dadaab, Kenia: el mayor campo de refugiados del mundo está desbordado

Creados hace 20 años para acoger a hasta 90.000 refugiados somalíes que huían de la guerra civil en su país, los campos de Dadaab en Kenia se encuentran desbordados por más de 350.000 personas. Decenas de miles malviven en asentamientos improvisados en el desierto, a la espera de una solución que nunca llega. Abandonados a […]

Creados hace 20 años para acoger a hasta 90.000 refugiados somalíes que huían de la guerra civil en su país, los campos de Dadaab en Kenia se encuentran desbordados por más de 350.000 personas. Decenas de miles malviven en asentamientos improvisados en el desierto, a la espera de una solución que nunca llega.

Abandonados a su suerte en el noreste de Kenia, rodeados por kilómetros de arena y maleza, 30.000 refugiados viven en frágiles chozas bajo un sol implacable. Tras haber cruzado la frontera desde la vecina Somalia, a 80 kilómetros de distancia, se dirigen a Dadaab, aunque los tres campos de esta zona están ya abarrotados y no hay sitio para ellos. No tienen adonde ir.

Al llegar y no poder acceder a los campos, los refugiados – en su mayoría mujeres y niños – se encuentran sin amparo, agua, comida ni dinero. Tardan un promedio de 12 días en recibir una primera ración de alimentos, de acuerdo a una encuesta realizada por Médicos Sin Fronteras (MSF) en enero entre 687 familias en el asentamiento. Tardan hasta 34 días en recibir mantas o utensilios de cocina por parte del ACNUR, la agencia de la ONU que se ocupa de los refugiados y que gestiona los campos de Dadaab.

Mientras tanto, los recién llegados construyen frágiles refugios en la desértica periferia de los campos para sobrevivir en un entorno hostil, con temperaturas de hasta 50 grados y con miedo a ser atacados por las hienas.

Un recinto del tamaño de una ciudad

Los tres campos de Dadaab –Dagahaley, Hagadera e Ifo – conocidos en su conjunto como “el mayor campo de refugiados del mundo”, se crearon hace 20 años para albergar a hasta 90.000 personas que huyeron de la violencia y la guerra civil en Somalia. Sin que se vea el fin del conflicto en un futuro cercano, ahora acogen a más de 350.000 personas según ACNUR, y el número de llegadas va en aumento. En lo que va del año, se han registrado 44.000 nuevos refugiados y se calcula que a finales de 2011 serán ya 450.000, estima la misma agencia.

Con la llegada de más gente a los campos y a las zonas desérticas colindantes, la disponibilidad de servicios esenciales – como agua, saneamiento y educación – no deja de disminuir, y las condiciones de vida empeoran rápidamente.

En un principio se previó una extensión de uno de los campos, llamada Ifo 2, con espacio para 40.000 refugiados, lo que podía haber supuesto una solución temporal. Pero Ifo 2 está a medio construir y sigue vacío debido a que las negociaciones entre las autoridades de Kenia y el ACNUR han llegado a un punto muerto.

‘Vinimos con lo puesto’

Mahmoud, quien llegó recientemente con su mujer y su madre viuda y fue acogido por su hermana en un refugio en el desierto en el que ha vivido durante los últimos tres meses, narra su odisea: “Tardamos nueve días en llegar. Vinimos con lo puesto. En Somalia éramos agricultores, pero nuestros animales murieron durante la sequía. Aunque en nuestra ciudad no había combates, un grupo armado nos exigía el pago de tasas. No pudimos pagarlas y tuvimos que marcharnos. Temíamos que nos detuvieran durante el viaje y nos impidieran cruzar a Kenia”.

La zona fronteriza, caótica y sin gobierno, es un lugar peligroso. Muchos refugiados son víctimas de agresiones, extorsiones y acosos a manos militantes de grupos armados, de soldados, de la policía y de bandidos. Las personas que huyen son presa fácil para ellos.

Emergencia sanitaria

Los nuevos refugiados llegan a los campos en un estado físico deplorable. El sistema de salud somalí es prácticamente inexistente y la actual sequía sólo empeora su situación. Al llegar, muchos requieren atención médica urgente. Un 40% de los niños nunca han sido vacunados, lo que, sumado a su situación nutricional y al hacinamiento en los campos, representa un mayor riesgo para la salud.
“Más refugiados están en camino”, afirma la enfermera de Médicos Sin Fronteras (MSF) Nenna Arnold. “Ya estamos hasta el tope, pero las cifras siguen creciendo. Nos enfrentamos a una emergencia humanitaria”.

Arnold se encarga del seguimiento de las necesidades sanitarias de los recién llegados, con la ayuda de 78 promotores de salud comunitarios, todos somalíes. Cada día, ella y su equipo recorren el campo de Dagahaley y sus alrededores en busca de gente necesitada de atención médica. Los más enfermos, incluido un gran número de niños con desnutrición moderada y severa, son trasladados a los puestos de salud de MSF o al concurrido hospital que la organización gestiona en dicho campo.

En el hospital de 100 camas de MSF, personal keniano, somalí e internacional proporciona atención médica gratuita. Es el único hospital para cubrir las necesidades de los 113.000 refugiados del campo de Dagahaley y del cada vez mayor número de familias relegadas al desierto. El doctor Gedi Mohammed, director del centro, afirma: “Hasta hace poco, la ocupación de camas era del 80% como media, pero con las nuevas llegada estamos teniendo unas tasas de ocupación del 110%”.

El número de partos se ha duplicado con respecto al año pasado y se han tenido que disponer camas hasta en los pasillos para poder atender a las embarazadas. El centro nutricional terapéutico para niños con desnutrición severa superó asimismo su límite: en mayo se abrió una nueva sala con 60 camas más para acomodarlos. Más de 7.000 familias reciben alimentación adicional en el programa de nutrición suplementaria para los más pequeños.

MSF también ofrece atención psicológica a los recién llegados, muchos traumatizados por un viaje que se inicia con la desposesión de sus casas o tierras, el abandono de su país, la incertidumbre y violencia del camino, y la llegada a un lugar desconocido e inhóspito, donde no son aceptados porque no caben.

Este artículo es un extracto del informe de MSF: ‘Sin espacio en Dadaab. El mayor campo de refugiados del mundo se queda pequeño’. Acceda al informe completo.

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MSF proporciona atención médica en Kenia desde 1992 y lleva un total de 14 años trabajando en los campos de Dadaab. Desde 2009, MSF ha sido el único proveedor de servicios médicos en el campo de Dagahaley, aportando asistencia sanitaria a sus 113.000 residentes a través de cinco puestos de salud y un hospital de 110 camas.

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