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25.11.2014

Colombia: la violencia sexual, una urgencia médica desatendida

Con motivo del Día Mundial de la Eliminación de la Violencia Sexual, MSF alerta de la necesidad de un enfoque de urgencia transversal a todas las instituciones involucradas en la respuesta.

Taller en Puerto Saija, Cauca
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Para que los sobrevivientes de violencia sexual reciban la atención integral en salud que necesitan, ésta debe tratarse como una urgencia médica y ser una prioridad para el Estado, que debe garantizar su disponibilidad y accesibilidad, afirma Médicos Sin Fronteras con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer que se celebra hoy.
 
“La violencia sexual ejercida hacia cualquier persona es inaceptable. Para sobrevivir lo esencial es buscar atención médica y psicológica cuanto antes”, explica Pierre Garrigou, coordinador general de MSF en Colombia. “Las instituciones de salud deben asegurar que la respuesta al sobreviviente sea integral y adecuada. Actualmente, la respuesta institucional es insuficiente y tardía”, añade.
 
El 80% de los sobrevivientes de violencia sexual atendidos por MSF entre junio de 2012 y agosto de 2013 no buscó ayuda en las estructuras de salud locales. Las barreras para buscar y obtener ayuda médica y psicológica son el desconocimiento de que era necesario ir al hospital (61%); no considerar que habían sufrido violencia sexual; amenazas del perpetrador y vergüenza, entre otras.
 
“Para que la respuesta sea adecuada, el personal de salud tiene que estar formado para captar de forma activa estos casos y el servicio de salud mental debe estar disponible en las estructuras de primer nivel de atención”, afirma Garrigou. “Pero no debe limitarse sólo al sector de la salud si no que el enfoque de urgencia debe ser transversal a todas las instituciones que están involucradas en la respuesta a la violencia sexual”, concluye.
 
La importancia de la asistencia temprana
 
Si el sobreviviente consulta dentro de las primeras 72 horas es posible proporcionar profilaxis de VIH/sida y antibióticos que ayuden a prevenir el desarrollo de infecciones tales como clamidia, gonorrea o sífilis, o tratarlas hasta un año después del evento además de anticonceptivos de emergencia para evitar un embarazo no deseado.
 
A parte de las secuelas físicas, la violencia sexual tiene un impacto psicológico devastador sobre sus víctimas. Casi la totalidad de los sobrevivientes manifiestan algún tipo de síntoma a raíz de la agresión como tristeza, miedo excesivo y sentimiento de amenaza, irritabilidad o ira y ansiedad o estrés. Sin embargo, menos de una de cada tres mujeres de las que acudieron a la consulta de MSF accedieron a apoyo psicológico tras la agresión.
 
“La niña de 13 años fue traída por su madre a la consulta. El incidente de violencia sexual fue hace 3 años. La niña recibió atención médica en Barbacoas, de buena calidad según la madre, sin embargo se encuentran algunas falencias como la no entrega de documentación a la madre (reporte de paraclínicos, tratamiento médico recibido, programación de consultas para el seguimiento). Además, no hubo atención integral porque no fue atendida por salud mental. La niña presenta síntomas depresivos y de stress postraumático, que le dificultan establecer relaciones adecuadas con pares y especialmente con hombres adultos, así como el desempeño de actividades cotidianas”.
Testimonio - médica de MSF en Nariño
 
“Identificamos el caso de una paciente de 24 años, que había sobrevivido a una violación, luego de la cual quedó embarazada. Acudió a entidades legales para establecer la demanda; sin embargo, no acudió a alguna institución pública de salud, sino hasta que su embarazo estuvo a término. Intentó de varias maneras interrumpir el embarazo y quitarse la vida, sin ningún éxito. Su familia, en cabeza del padrastro, la expulsó del hogar. Actualmente huye del perpetrador, quien ya salió de la cárcel”.
Testimonio - psicóloga de MSF en Caquetá
 
 
Médicos Sin Fronteras atiende a cientos de sobrevivientes de violencia sexual cada año en sus programas de salud física y mental en Cauca, Nariño y Caquetá (Colombia). Un total de 223 casos fueron captados entre junio de 2012 y agosto de 2013.
 

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