Cada año, unas 500.000 personas huyen de la violencia y la pobreza en El Salvador, Honduras y Guatemala, y van hacia México. Rachel Kiddell-Monroe resume la difícil situación que viven los que huyen de la violencia en la ruta hacia EEUU y Canadá.
A pesar de las dificultades de la vida en un campo de desplazados, la población elige quedarse por la subsitencia de los grupos armados que los expulsaron de sus hogares. Nuestro jefe de misión en Sudán, explica el precio de permanecer en el campo: escasez de agua y alimentos, hacinamiento y violencia; pero también los avances de la atención médicos y sus desafíos.
“El problema de la escasez de agua es muy grave”, dice Fati, una de las 37.000 personas desplazadas que se ha instalado en Pulka. “Cuando tenemos dinero, compramos agua del pozo, pero si no tenemos, debemos ir a buscarla al estanque y esto hace que nuestros hijos e hijas enfermen”, explica.
Esta web usa cookies propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia. Al navegarla aceptás su uso. Podés cambiar esta configuración en cualquier momento.