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Yasna Alarcón Vadulli

Médico/a- Santiago, Chile
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La enfermedad del sueño afecta a 36 países del África subsahariana, donde 60 millones de personas están en riesgo de contraerla. Se transmite a través de la picadura de la mosca tsé-tsé y, durante su segunda fase, provoca trastornos del sueño, convulsiones y alteraciones del comportamiento. Sin tratamiento, el 100% de los enfermos muere. A continuación, la dra. Yasna Alarcón comparte su experiencia combatiendo esta enfermedad en Sur Sudán.

Santiago, abril 2010

Entre 2008 y 2009 estuve en Yambio, Sur Sudan, trabajando con Médicos Sin Fronteras (MSF) como médico de terreno. Era un proyecto de tratamiento de la Enfermedad del Sueño en el Hospital de Yambio y en dos consultorios que quedaban cerca de la frontera con Uganda.

Era un pueblo pequeño con calles de tierra roja, selvático, con muchos mangos, y habitado por miembros de la población Zande, en un momento en que la paz recién estaba llegando a Sur Sudán. La guerra con el Norte había terminado hace poco. Las escuelas comenzaban a reabrir, empezaban a funcionar los hospitales, a llegar médicos. Se hicieron nuevos caminos y se desminaron campos.

La Enfermedad del Sueño es una de las tantas Enfermedades Olvidadas. Se usan complicados medicamentos, los mismos que hace 50 años y la investigación para crear remedios más simples, no son prioridad en la medicina de Occidente.

La Enfermedad del Sueño, o Pongi en el idioma local, ha acompañado a los Zande desde siempre. Sin tratamiento, lleva irremediablemente hacia la muerte. La mayoría de mis pacientes tenían esta enfermedad, y debían permanecer hospitalizados un mínimo de 2 semanas. Este era el tiempo suficiente para verlos engordar, recobrar la conciencia y las fuerzas a la mayoría, superar convulsiones si las hubo. Lamentablemente, en algunos casos también fallecían.

Es potente trabajar con ellos. Con enfermeras, matronas y educadores Zande que han visto por años como el Pongi ataca a su gente, y trabajan ahora para contraatacarlo, sanar a los pacientes y algún día erradicar la enfermedad...

La experiencia de trabajo con MSF me permitió estar muy cerca de la gente, donde las personas en si son prioridad más allá de la raza o la religión, donde puedo ofrecer lo que yo sé hacer mientras veo, toco, siento y entiendo un poco más el mundo en que vivimos.

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