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Natalia Tamayo

Médico/a- Buenos Aires, Argentina
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Suazilandia es el país con la prevalencia de VIH más alta del mundo. Médicos Sin Fronteras (MSF) desarrolla un proyecto de atención a pacientes de VIH y de tuberculosis en este país del sur de África desde 2007.

A continuación, la médica argentina Natalia Tamayo reflexiona sobre su experiencia en Suazilandia, donde realizó su primer misión con MSF y donde actualmente se encuentra trabajando:

"La misión en Suazilandia fue mi primera experiencia con MSF, y mi primera vez en el sur de África.

Suazilandia es un reino independiente rodeado por Sudáfrica, que al este limita con Mozambique. Es el país con la prevalencia de VIH más alta del mundo: el 25,9% de los adultos de entre 15 y 49 años son seropositivos, y el 42% de las mujeres embarazadas es VIH positiva. La tuberculosis multirresistente (DR-TB) también alcanza cifras altísimas: 34% de los pacientes han recibido tratamiento previo por esta enfermedad.

La situación crítica hizo que la esperanza de vida descendiera a 42 años; una verdadera emergencia y catástrofe sanitaria. A esto se suma la falta de recursos humanos: escasez de médicos e insuficiente cantidad de enfermeros.
Suazilandia es un país principalmente rural, donde la gente a veces debe caminar hasta 3 horas para acceder a una sala sanitaria... Ni que decir a un centro de mayor complejidad.

En este contexto, MSF inicio un proyecto de descentralización transferencia de tareas (conocido como “task shifting”). El objetivo es acercar e integrar el diagnóstico y tratamiento de VIH y TB, y entrenar al staff local para que lo pueda realizar.

Como experiencia profesional, fue invalorable. Inicialmente trabajé como médica de campo, en salas sanitarias y en la clínica de TB, atendiendo pacientes a diario y colaborando con el entrenamiento del personal local. Luego de un año, volví para la apertura del pabellón de tuberculosis: una sala de 30 camas, solo para pacientes con tuberculosis. Una oportunidad única para la población local de recibir atención de buena calidad cerca de su casa. Anteriormente, los pacientes que necesitaban internación debían trasladarse al único hospital de TB en la capital, a más de 100 km. de distancia.
Desde lo humano, es difícil transmitir tantas emociones. Fue mi primer contacto intenso con niños infectados con VIH y TB. Ellos son la población más olvidada de la epidemia, especialmente de la tuberculosis multirresistente. Poner un granito de arena para ayudar a concientizar sobre esta situación me llenó de alegría. Sin embargo, cada vez que debía iniciar un tratamiento para TB multirresistente – lo que implica al menos 6 meses de inyecciones diarias, además de al menos 10 pastillas por día – mi alegría se transformaba en tristeza.

Trabajar con embarazadas seropositivas siempre es un desafío. Pero ver como las madres quieren proteger a sus niños, aun con dificultades económicas, es siempre esperanzador. Así como ver a pacientes con XDR-TB (tuberculosis extremadamente resistente) quienes, aunque han recibido inyecciones por más de dos años, sonríen cada vez que llega un nuevo resultado positivo. Ello hace que uno no se permita dudar o decaer. Ellos merecen nuestra sonrisa.

Como tanto dolor también merece el mayor esfuerzo de nuestra parte, ya estoy volviendo a Suazilandia. Y luego será algún otro lugar donde todos nosotros, Médicos Sin Fronteras, creamos que podemos hacer una diferencia con nuestro trabajo."

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