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Juan Nastri

Logista- Buenos Aires, Argentina
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Juan Nastri es ingeniero electrónico, egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y tiene un Máster en Relaciones Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella. Si bien comenzó a trabajar con Médicos Sin Fronteras en 2013, trabajó también con otras organizaciones en Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia e Irak.

“Cuando estudié ingeniería no tenía pensado dedicarme a esto”, comenta Juan. “Pero al momento de hacer el Master ya lo tenía clarísimo, por lo que lo hice orientado al área de Cooperación Internacional para especializarme en eso: orientarme más a la vida de un expatriado, a salir a misión”.

¿Cómo llegaste a Médicos Sin Fronteras (MSF)?

Apliqué por primera vez a MSF en 2010 para trabajar como logista, porque como ingeniero, creí que encajaba. Tuve una entrevista pero no progresó, en parte porque yo no hablaba francés. Después estuve dos años trabajando en Irak con otras organizaciones y estando allá conocí a algunos chicos de Médicos Sin Fronteras. La organización con la que yo estaba trabajando tenía una orientación diferente, menos humanitaria y más orientada a la implementación de programas de reconstrucción y otro tipo de cosas. Yo estaba buscando algo que me diera más satisfacción, por lo que volví a llamar a la oficina de MSF en Argentina y finalmente quedé.

¿Cuál era tu rol y qué estuviste haciendo en tu primera misión?

Yo fui coordinador de terreno del proyecto de Kabo, al norte de República Centroafricana, a unos 50km de la frontera con Chad. Kabo es un pueblito pequeño de entre 22.000 y 25.000 personas con una minoría musulmana. Allí ha habido muchos conflictos históricos y fue donde empezó la rebelión en diciembre de 2012. Yo llegué en noviembre de ese año y estuve hasta mediados de septiembre del año siguiente (2013). Fueron 10 meses y medio en total. Teníamos un centro de salud de 90 camas, con un equipo de 160 personas. Mi responsabilidad como coordinador era mantener el funcionamiento y manejar a todo ese equipo. Además el proyecto contaba con tres puestos de salud que están en la periferia: todos entre 35 y 60 km a la redonda. Hacíamos atención primaria y teníamos también un pequeño programa de VIH. Además hacíamos campañas de vacunación, atendíamos personas con tuberculosis, malaria, etc.

¿Cómo era tu día a día durante la misión?

Tenía que ocuparme de la coordinación general, la gestión del proyecto a nivel práctico: que lleguen los medicamentos, que se hagan los pedidos, resolver los inconvenientes que puedan surgir, etc. Mi misión en particular me tocó en medio de un gran conflicto, por lo que gran parte de mis días también estaban ocupados en la interacción con los grupos armados de la zona, negociando un espacio de tranquilidad para que se nos permita poder brindar asistencia médica pese a los problemas que había en los alrededores. Tenía que aclararles quiénes somos, cuáles son nuestros principios de neutralidad, imparcialidad y por qué estamos ahí. Y después está la parte de gestión del proyecto más a nivel estratégico: usamos cuadros lógicos y otras herramientas para asegurar cuáles son los objetivos prioritarios del proyecto. Tiene que ver con evaluar si estamos haciendo lo que decimos que tenemos que hacer ahí. Eso se hace en una reunión con el equipo, te sentás en la semana y ves cómo vamos, qué se hizo y qué no se hizo, por qué estamos atrasados en algo, qué cosas están bien, cómo seguir y todo ese tipo de cosas. En estas tareas me sentía cómodo, ya tenía mucha experiencia en manejar proyectos grandes, por lo que me costó menos.

¿Cuáles fueron los principales desafíos de tu trabajo?

Los principales desafíos de mi misión fueron los que proponía el contexto, sin dudas. Hubo algunos combates muy cerca de donde estábamos, tuvimos muchos heridos de guerra en el hospital. Otro desafío, más en lo personal, fue el hecho de aprender cómo trabaja Médicos Sin Fronteras, porque era mi primer misión. Los mecanismos de MSF son muy distintos a los de otras ONG y me tomó un tiempo los primeros meses acostumbrarme a eso. Me refiero a cómo rendir cuentas, cómo contratar a la gente, y el nivel de rotación que no es tan común en otras organizaciones. Eso me llevó unos meses aprenderlo, pero es la entrada, después cuando uno está ahí ya lo asimila.

Viniendo de trabajar en otras organizaciones, ¿qué diferencias encontraste con el trabajo con MSF?

Hay diferencias más prácticas, de formas de trabajar entre MSF y otras organizaciones, pero la fundamental y por la cual yo quise cambiar en su momento es que MSF es una organización humanitaria. Trabaja concretamente: la ayuda es muy concreta, muy real. La ayuda está ahí, uno la ve y se da cuenta por qué MSF está ahí. No hay una discusión, ni una duda sobre la utilidad de eso. El impacto es claro. Eso con otras ONG a mí me pareció más intangible. No creo que no tengan impacto pero es más desligado, uno hace una cosa y a partir de eso asume, se basa en un montón de suposiciones que te dicen que “a partir de esta acción y basada en estos cálculos se va a lograr tal impacto”. Pero la forma de comprobarlo es más indirecta. Creo que esa es la diferencia fundamental.

¿Qué balance hacés de esta primera misión con MSF?

Mi balance de esta primera misión es súper positivo. El puesto de coordinador de terreno con MSF es increíble, muy interesante. A nivel profesional fue súper enriquecedor, a nivel personal también por la experiencia de estar ahí. Tuvimos situaciones que fueron fuertísimas, pero el hecho de estar ahí unió mucho al grupo y dio lugar a un sentimiento de camaradería, de solidaridad, de compartir. Eso me pareció muy bueno, me gustó mucho. Y me gustó el hecho mismo de estar ahí, el arrancar el día y darte cuenta que lo que hiciste ayer está claro o al final del día ya saber qué pasó, el impacto es totalmente inmediato. No hay que esperar nada. Hay un enfrentamiento, llegan cinco heridos, se los atiende y al final del día los médicos te pueden decir qué pasó. Y eso me gustaba porque sentís la inmediatez de todo. Claro que son desafíos y también son situaciones que te pueden terminar estresando un poco. Pero igual, el balance es muy positivo.

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