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José Luis Dvorzak

Médico/a- La Pampa, Argentina
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El médico argentino José Luis Dvorzak participó en proyectos de Médicos Sin Fronteras en Honduras, Ecuador, Bolivia y Guatemala.

Actualmente se encuentra trabajando en Liben, Etiopía, país que el año pasado, entre mayo y octubre, recibió a miles de somalíes que también escapaban a los campos de refugiados de Kenia. Huían de la crisis nutricional en su país debido a una sequía atroz, que se sumó a los efectos devastadores de veinte años de conflicto civil continuado.

En esta oportunidad, Dvorzak explica la evolución de la emergencia y la situación en la actualidad.

Has ejercido en diferentes momentos en los dos últimos años en los campos de Liben.

La primera vez llegué en junio de 2010. Teníamos tres trabajadores internacionales y 35 locales. Llevábamos las actividades nutricionales en los campos de Bokolmayo y Malkadida (40.000 refugiados) y el centro de salud de Dolo Ado.

La siguiente vez que acudí, en septiembre de 2011, el cambio había sido abismal: teníamos 50 trabajadores internacionales y más de 800 trabajadores locales. Para entonces, se habían abierto nuevos campos, el de Kobe y el de Hillaweyn, con 25.000 refugiados cada uno, que habían llegado de Somalia en las peores condiciones y con una cifra de mortalidad muy elevada. Nuestros programas nutricionales llegaron a tener a 13.000 niños enrolados. En septiembre, después de meses de intervención nutricional de Médicos Sin Fronteras (MSF), la cifra de mortalidad se había reducido y al cabo de poco tiempo llegaron a niveles por debajo de lo que se considera una emergencia.

¿Cómo es la situación médica de la población en la actualidad?

Seguimos teniendo niños en centros de estabilización, con desnutrición complicada por otras enfermedades como neumonías o diarreas. Son unos 45 (aunque hay que recordar que en el pico de la emergencia esta cifra era constante de más de 150 niños). Las patologías más comunes entre la población son infecciones respiratorias, diarreas, parásitos intestinales e infecciones de la piel. En la actualidad también estamos desarrollando un programa de salud mental y de vigilancia epidemiológica por parte de trabajadores comunitarios.

¿Cuáles son los retos de trabajar en Liben?

La situación médica de la población es precaria. Tras 20 años de conflicto civil en Somalia, en el que las estructuras públicas de salud en el país son escasas o han sido destruidas, la población no está acostumbrada a utilizar los servicios de salud.

¿Cómo repercute eso en la salud general de la población?

Hemos pasado de una situación de crisis nutricional de emergencia a una crónica. La situación en los campos no facilita que la gente cocine su propia comida: las mujeres tienen que ir a buscar leña y corren riesgos de ser atacadas en el camino. En otros casos, la comida estandarizada que reciben, con el aporte nutricional necesario, es rechazada y vendida en los mercados para poder alimentarse con comida que les es más cercana por tradición, pero que carece de los nutrientes básicos. Cambiar estos hábitos es difícil y supone todo un proceso de explicación por nuestra parte y reflexión previa por parte del refugiado. Los niveles de desnutrición global ya eran elevados por esta razón antes de la emergencia y se dispararon con el flujo, enorme, de refugiados durante los meses de mayo a septiembre.

¿Cómo se consiguió cruzar el umbral de emergencia?

Una vez llenos los nuevos campos y sin admisión de nuevos refugiados, entonces la tarea fue la de aportar comida, controlar la desnutrición en los niños y realizar tareas de vigilancia epidemiológica para responder a eventuales brotes de enfermedades. En Kobe, con 25.000 refugiados y tasas de mortalidad que llegaron a superar con creces el nivel de emergencia (una muerte por 10.000 personas por día), se tuvo que hacer frente a una epidemia de sarampión (una enfermedad que combinada con desnutrición puede ser letal) y hacer una campaña de vacunación masiva para menores de 15 años.

¿Cómo está la situación ahora?

Estamos en una etapa de estabilización. Las autoridades han traspasado parte de nuestras actividades a otras organizaciones y MSF se quedará con la gestión de los centros de estabilización para los niños en peores condiciones en tres de los cinco campos. Aún así continuamos preocupados porque todavía hay mucho que mejorar en la situación nutricional de la población, en la desnutrición crónica.

Ha habido algo de lluvia en Somalia. ¿Los refugiados desean regresar a su país?

Algunos desean regresar y de hecho lo están haciendo pese a la guerra. Regresan para aprovecharse de las últimas lluvias y tratar de rehacer sus vidas. Aún así, también siguen llegando refugiados, a una media de 70 personas por día a Liben, lejos de los 23.000 mensuales que llegaban el año pasado, pero siguen llegando.

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