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Jaime Enrique González

Colombia
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El colombiano Jaime Enrique González es logista de Médicos Sin Fronteras (MSF) desde hace casi siete años. Comenzó recorriendo los ríos y las carreteras más recónditas del país, para prestar servicios de salud primaria. Estuvo en Turquía y en Irak dando soporte a las estructuras clínicas y ahora se encuentra Bangladesh, atendiendo la crisis humanitaria que afecta alrededor de 700.000 rohingyas. Jaime nos cuenta los desafíos que ha enfrentado, su interés por el campo humanitario y algunas historias de pacientes que han quedado grabadas en su memoria.

Ahora que estás en Bangladesh, ¿cuáles fueron tus primeras impresiones?

Es un país, culturalmente hablando, muy diferente a Colombia (manejan por el lado contrario como en Reino Unido). Muchos moto taxis (conocidos como Tom Tom) y bici taxis (rickshaw). Es un lugar del cual espero aprender, así como brindar ayuda y apoyo por medio del proyecto de MSFque desde que comenzó la crisis el 25 de agosto de 2017, ha ampliado enormemente las operaciones. En la actualidad, gestionamos 15 puestos de salud, tres centros de atención primaria y cinco instalaciones que cuentan con servicios hospitalarios para atender a los desplazados rohingyas.

¿Por qué te interesaste en trabajar con MSF?

Desde el terremoto en Haití, en 2010, empecé a buscar información acerca de la organización y encontré que trabajaba  en Colombia desde la catástrofe de Armero. Luego de viajar por el país, tuve la oportunidad de ver uno de los equipo de MSF y me empecé a interesar más y más.

¿Cuál ha sido tu trayectoria dentro de la organización?

Empecé en 2011, desde la Coordinación Logística en Bogotá. Allí me moví por los diferentes proyectos que tuvimos en departamentos como Caquetá, Putumayo, Nariño, Cauca, Chocó y Norte de Santander. Luego, en el 2016, tuve la oportunidad de viajar a Turquía como Log Manager, trabajando de manera remota para el proyecto de Siria. Este se enfocaba en brindar soporte técnico y logístico a los hospitales que todavía funcionaban en medio del conflicto en Alepo y, además, teníamos actividades logísticas en un campo de refugiados al norte de Siria, muy cerca de la fronteras con Turquía. En este campo construimos y dimos soporte con  letrinas, duchas y not food ítems. Allí estuve más de cinco meses.

Después, en 2017, viajé Irak, donde trabajé en el hospital de Hamdaniya  (cerca de Mosul), que se enfoca en brindar cuidado post operatorio a todos los pacientes que por motivos del contexto interno requerían atención. Allí estuve durante seis meses, aproximadamente.

¿Por qué el trabajo del logista resulta fundamental para el funcionamiento de los proyectos de MSF?

Detrás de las actividades médicas, hay un componente de diversas áreas que trabajan en pro de brindar soporte y hacer que dichas actividades y el equipo médico puedan enfocarse en dar la mejor atención al paciente. Entre estas áreas está la de logística, que se encarga no solo de garantizar el óptimo funcionamiento de las instalaciones (hospitales, casas, campamentos, etc.), sino que también trabajamos en transporte y movilidad (vehículos, motos, lanchas), aprovisionamiento (todo el material que se requiera), energía (generadores, paneles solare etc), seguridad aplicada, watsan (agua, higiene y saneamiento) y construcción. La logística, entonces, es una parte importante de la cadena que hace funcionar los proyectos en MSF.

¿Cuál ha sido la experiencia que más recuerdes durante estos años de trabajo humanitario?

Uy, creo que es difícil mencionar una sola. Cada vez que vas al terreno tienes experiencias de diferentes tipos que te marcan. Por ejemplo, en Colombia las salidas en lancha por el Pacífico y los ríos. En Caquetá, con las clínicas móviles por carreteras difíciles, donde puedes quedar enterrado en el barro. En Chocó, los viajes por lancha durante horas para llegar a la comunidad donde te reciben con los brazos abiertos. En Norte de Santander, donde tuve la oportunidad de hablar con la comunidad, jugar con los niños en las escuelas y explicarles qué hacemos en MSF. Un poco más lejos. En Turquía pude hablar cada día con mi equipo (que estaba en Siria), compartir conocimientos, experiencias, alegrías y tristezas; buscar formas de comunicación entre el equipo porque  yo no hablo árabe y en Siria no todos hablan inglés.

Recuerdo en Irak, las casi cuatro horas en carretera. El trabajo, hombro con hombro, con el equipo para que el hospital no tuviera inconvenientes. Construir un pequeño espacio para que los niños que estaban en el hospital pudieran jugar, pintar o ver una película. La tensión diaria en los puntos de chequeo… escuchar desde tan lejos a Carlos Vives en alguna emisora.    

Y al final de todas estas experiencias y anécdotas, queda la gran oportunidad de haber conocido y trabajado con personas que han enriquecido mi vida con sus vivencias, sin importar la nacionalidad, creencia o idioma.

¿Cómo es trabajar en Irak, un país tan distinto a Colombia? ¿Qué fue lo más difícil con lo que te encontraste?

Bueno, partiendo de las casi siete horas de diferencia horaria con Colombia, llegar a una cultura, creencias (musulmanes) e idioma totalmente diferente (árabe y kurdo), donde la comunicación puede llegar a hacer  un desafío, incluso, para cosas simples como ir a comprar algo en una tienda y más complejas como los 52 grados centígrados que tuvimos en ciertos meses, dificulta adaptarse, y además trabajar en un contexto donde el nivel de seguridad es alto. Pero, al final, viendo el trabajo hecho en el hospital, viendo la evolución de cada paciente, esas dificultades pasan a segundo plano y se hacen menores.  

¿Cuéntame alguna innovación que MSF esté aplicando dentro de los proyectos que has estado y en qué consiste?

MSF siempre está en interesado en innovar. En Irak teníamos en uno de los proyectos el MUST (Mobile Unit Surgical Trailer), que básicamente es un conjunto de contenedores (parecidos a los que se usan para carga), que han sido adaptados para albergar salas de esterilización y otras necesidades médicas y de logístico. Esto hace que la reacción ante situaciones críticas sea más rápida en caso de moverse a otro lugar.

¿Una historia con algún paciente que recuerdes?

En Irak, en el hospital de Hamdaniya, tuve la oportunidad de conocer a un niño de no más de 8 años que cuidaba a su madre. Ella se encontraba en el hospital por largo tiempo y no podía moverse. Él tenía que mezclar el ánimo de jugar como todo niño con la responsabilidad de cuidar a su mamá. Recuerdo que siempre estaba listo para aprender una nueva palabra en inglés, le gustaba dibujar y jugar. Con un espíritu fuerte y siempre listo para proteger a su madre y ayudar a quien le necesitara.  

Otra historia la viví en Colombia. Tuvimos un bebé de unos dos años que tenía un nivel de desnutrición alto, sumado a otras complicaciones. Si no recibía atención médica adecuada podría perder la vida. Al ver esto, se tomó la decisión de remitir al niño a la cabecera municipal. Nos movimos durante más de 5 horas por el río para llevarle al hospital más cercano. Por fortuna llegó y pudo recibir tratamiento adecuado.

¿Qué cosas son imprescindibles para un logista a la hora de empacar?

Para mi es imprescindible siempre mi juego de pequeños destornilladores, mi leatherman (una multiherramienta) para el terreno, linterna frontal, adaptador/conversor de tomas (no todos los países usan el mismo sistema de toma corriente), disco duro, música y repelente.

 

Si te interesó el trabajo de Jaime, leé más sobre el perfil de logista en Médicos Sin Fronteras.

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