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Federico Giudici

Logista- Mar del Plata, Argentina
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Entre diciembre de 2008 y mayo de 2009, tres países del Oeste de Africa –Niger, Nigeria y Chad- debieron hacer frente a una gran epidemia de meningitis. Esto propició que Médicos Sin Fronteras, en colaboración con los Ministerios de Salud de los tres países, pusiese en marcha una de las mayores campañas de vacunación de toda su historia, llegando a vacunar a 7 millones y medio de personas contra la enfermedad. El logista argentino Federico Giudici participó de esta misión y relata su experiencia en ésta y otras misiones de MSF.

Julio 2009

Acabo de volver de Nigeria, dónde MSF llevó a cabo una campaña de vacunación contra la meningitis.

La epidemia se había declarado unos días antes de mi llegada, por lo que sabíamos que teníamos que vacunar rápidamente a la mayor cantidad de gente posible, para que la vacunación tuviese efecto. Teníamos un equipo grande, alrededor de 15 personas entre médicos, enfermeros, administradores y logistas. Fuimos llegando de a poco, así que los primeros en llegar tuvimos que empezar a preparar todo lo que íbamos a necesitar para la campaña, que esperábamos durara unos 13 días. Para los logistas eso significaba buscar una base dónde tener una oficina y preparar un cuarto de refrigeración para mantener las vacunas y preparar el hielo que íbamos a necesitar para transportarlas; conseguir vehículos para movilizarnos, un generador para los freezers, un depósito para todo el material que debíamos recibir, y contratar personal para asistir.

El trabajo fue duro y sin descanso. Debíamos tener todo listo para cuando recibiéramos las vacunas, ya que queríamos salir a vacunar al día siguiente. Las actividades previas incluían visitar los sitios, contactar a las autoridades, buscar ayudantes y entrenarlos, y estar detrás de los miles de detalles que siempre surgen en situaciones como esta.

Una vez recibidas las vacunas, empezó el verdadero trabajo. Nos levantábamos antes de la salida del sol, se cargaban los vehículos y todos nos disponíamos a salir con un equipo de vacunadores hacia los distintos puntos, esperando vacunar unas 3000 personas por sitio.

Algunos sitios eran en centros urbanos, pero muchos eran poblados rurales, dónde la gente vive en casas de adobe dónde los que más tienen poseen un techo de chapa. Nigeria es en ese sentido un país de contrastes increíbles, con una clase alta muy rica y la mayor parte de su población viviendo en zonas rurales prácticamente de la misma forma que hace cientos de años.

La rutina de esos días era agotadora: empezar temprano, vacunar todo el día y volver a la base para preparar los materiales del día siguiente y elaborar los informes del día. Cuando terminó la campaña todos estábamos muy cansados, pero habíamos vacunado a más de 100 mil personas.

Esta fue mi cuarta misión con MSF. La primera fue algunos años atrás, en Guatemala. Tratábamos el Chagas en comunidades indígenas que subsisten en las montañas juntando café para los propietarios de las tierras. Después de eso estuve en Etiopía, en una emergencia nutricional, y luego en Zimbabwe, para un brote de cólera.

Como logista de MSF mi trabajo es de soporte a las actividades médicas que son el objetivo de la misión. En las misiones que hice con MSF tuve que hacer cosas como clorar y bombear agua, construir refugios con madera y plástico, alquilar camionetas y hasta caballos, construir letrinas, preparar depósitos con materiales para emergencias, negociar precios, comprar materiales, instalar paneles solares, reparar computadoras, arreglar incineradores, y un largo etcétera. Para todo esto trabajamos con gente del lugar, y es uno de los aspectos del trabajo que más disfruto. Aprendí mucho de ellos, de su forma de vida, de sus creencias, de sus motivaciones. Es increíble como se crean vínculos superando las barreras del idioma y de la cultura.

El trabajo a veces puede ser muy frustrante cuando sentimos que la ayuda que llevamos sólo es temporal y que las cosas van a seguir como antes una vez que nos vayamos; pero para la persona que está del otro lado puede ser realmente la diferencia entre vivir y morir. Aunque no podamos cambiar el mundo, si podemos hacer una diferencia para algunas personas. De todas formas siempre siento que es más lo que me llevo que lo que dejo en cada lugar en el que trabajo. Las experiencias vividas y la gente que conocí trabajando con MSF me cambiaron para toda la vida.

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