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Eduardo Wehbe

Responsable Admin. y Finanzas- Tucumán, Argentina
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Eduardo Wehbe es un contador argentino, oriundo de Tucumán, que realizó sus primeras misiones con Médicos Sin Fronteras (MSF) en República Democrática del Congo (RDC), un país que sufre una crisis extrema, por culpa de décadas de conflicto y violencia y de la falta de inversión en el sistema de salud.

La experiencia de Eduardo estuvo centrada principalmente en la provincia de Kivu Sur que, como él explica, es una de las zonas del país donde más ayuda humanitaria se requiere: durante 2013, MSF realizó más de 565.000 consultas externas en esta región, que acogía a 800.000 desplazados. Allí, MSF dispensó atención primaria en los hospitales de Kalonge, Matili y la remota zona de Shabunda, y en 15 centros de salud de los alrededores. También apoyó a un hospital y a tres centros de salud en Minova, zona de conflicto afectada por llegadas masivas de desplazados; todo ello se completó con clínicas móviles. En Fizi, MSF trabajó en dos hospitales y en seis centros de salud, con atención primaria y especializada, cirugía, salud reproductiva, atención neonatal, vacunación, nutrición, atención a supervivientes de violencia sexual, y tratamiento para la Prevención de la Transmisión del VIH de Madre a Hijos (PTMH), la tuberculosis y el cólera. Además, MSF apoyó a dos Centros de Tratamiento del Cólera (CTC) permanentes y construyó un nuevo hospital de 100 camas en Lulimba.

“Si uno va a RDC, se da cuenta de la pertinencia de nuestra presencia allí”, explica Eduardo. “Por ejemplo, hoy por hoy para llegar desde Matili a un centro de atención remoto que MSF apoya, hay que ir caminando ocho horas a pie, por medio de senderos en medio de la selva. Eso se hace. Eso lo hacemos nosotros en MSF. Y lo hacemos al menos una vez cada quince días. Nuestra idea es llegar, y cuando decimos que queremos llegar a la mayor cantidad de gente, eso se ve”.

¿Cómo fue tu acercamiento a MSF?

Desde mi lado, y con una trayectoria que siempre había estado vinculada a empresas privadas, trabajando como contador en el sector financiero-administrativo, llegar a MSF implicó todo un proceso de transición, de pensar respecto del interés particular y del interés general. Hay una pregunta que se plantea en un momento en quienes hacemos esta elección de trabajar en una organización humanitaria: la pregunta de a qué está destinado nuestro esfuerzo. Este cuestionamiento nos lleva a avanzar hacia un esfuerzo para que nuestro trabajo tenga otros beneficiarios, más allá del interés particular de las empresas privadas. En mi caso, la acción humanitaria es una respuesta a este cuestionamiento que yo me hice.

Yo nací en Tucumán hace ya más de 42 años; viví ahí una vida preciosa – Tucumán es mi lugar en el mundo, donde todavía está viviendo mi familia. Me recibí de contador en la Universidad de Tucumán en 1998, y una semana después viajé a Buenos Aires para comenzar a trabajar en una empresa multinacional, donde estuve durante diez años. Durante ese tiempo, guiado por esa incesante búsqueda,  comencé otra carrera, Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires. Seguramente la conciencia social y política me estaba dando vueltas desde hace muchísimo tiempo, y la carrera me ayudó a darle un poco de sistematización. Así que era una cuestión de tiempo que decidiese hacer un cambio hacia otro tipo de actividades, de contenido más social. Durante una estadía en Francia cursando un máster en Relaciones Internacionales, comencé a conocer más sobre el trabajo humanitario, y escuché acerca de MSF a través de charlas de profesionales de la organización que buscaban acercar a los alumnos al mundo humanitario. De manera que vine a Argentina y después de un tiempo, apliqué para trabajar con MSF, y finalmente comencé. Me reclutaron en 2012, y al año siguiente hice mi primera misión en República Democrática del Congo (RDC), donde permanecí seis meses.

¿Cuál es el rol de un contador de MSF en RDC?

Un contador en RDC lo que hace es tratar de asegurar que la información generada por las actividades diarias de la misión estén sistematizadas y ordenadas en criterios homogéneos, para poder tomar decisiones correctas respecto de los fondos aplicados.

Mi tarea como contador no implica obviamente un contacto directo con los pacientes. Organizaciones humanitarias como la nuestra reciben dinero de parte de sus donantes, y hay una gran necesidad de administrarlo. Para eso estamos nosotros, los integrantes del área financiera.

El cuerpo contable y financiero en cada misión está compuesto por el coordinador financiero y los administradores financieros de terreno; estos últimos son los que están en contacto más directo con las actividades, y por lo tanto son los que dan el input inicial a todo el proceso de recolección de información. En RDC tuve un rol de apoyo al equipo local: contribuí a ordenar la lógica de funcionamiento del departamento contable, y mis tareas consistieron fundamentalmente en ir al terreno para afirmar criterios contables y financieros, y despejar dudas. Así nuestros colegas en el terreno pueden producir cada vez mejor información. Al fin, eso se traduce en un uso más eficiente de los fondos.

En toda la cadena de recaudación de fondos para las actividades de la organización –que comienzan cuando los sensibilizadores hacen contacto con el público en la calle, o por vía telefónica o web, compartiendo la información que finalmente les permite a los aportantes tomar la decisión de realizar una donación– nuestra función contable tiene que ver con el uso eficiente de ese dinero que nos es confiado. Es el rendir cuentas de lo que nosotros hacemos. Producir información contable de calidad hace que uno pueda tomar mejores decisiones, y por lo tanto hacer más eficiente el uso del dinero con el que cada uno de los aportantes, en algún lugar del mundo, decide contribuir al esfuerzo de MSF.

Si uno lo puede ver desde ese punto de vista, puede entender la importancia de la tarea contable. No salvamos vidas directamente  – y el dinero siempre es escaso, nunca va a alcanzar para todas las necesidades existentes–, pero al menos vamos a poder hacer un uso eficiente de él para que podamos atender la mayor cantidad de pacientes con los recursos que tenemos disponibles. 

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