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Diego Machado

Cirujano/a- Buenos Aires, Argentina
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Mi nombre es Diego Machado, soy cirujano traumatólogo. Durante el último año tuve la oportunidad de participar y trabajar en 3 proyectos diferentes para Médicos Sin Fronteras. Tres países diferentes, tres contextos diferentes pero con un nexo común: la violencia, la pobreza y la consecuente carencia sanitaria.

Mi primer destino fue Nigeria, en la ciudad sureña de Port Harcourt. Allí, MSF sostiene y administra un Centro de Trauma, donde se brinda atención a toda víctima de violencia (de cualquier tipo) y a víctimas de accidentes urbanos. Una estructura con 70 camas de internación y dos quirófanos, en los cuales se realizan diariamente más de 20 cirugías. En este lugar MSF provee materiales para fijación interna y fijación externa en pacientes con fracturas, heridas por arma de fuego, machetes, etc. Se efectúan tratamientos quirúrgicos de alta complejidad y calidad sin costo alguno, lo cual garantiza un volumen de pacientes enorme. Era un volumen altísimo, inclusive para los más complejos centros de trauma de Argentina y hasta de Europa. Este Centro, el Hospital de Teme, ya tiene cuatro años de vida y realiza su función, disminuyendo la morbimortalidad de la población y mejorando la calidad de vida de las víctimas. Mi trabajo allí fue, básicamente, el de resolver quirúrgicamente los casos, controlar los cuidados y controles postoperatorios, y compartir con el personal local mi experiencia, lo que fue muy enriquecedor para mi. Teme dejó en mí muchísimas cosas: experiencia, seguridad, emociones fuertes y amigos. Y porque tanto me dejó, volví.

Dos meses después de mi partida, surgieron nuevamente necesidades que requirieron de mi asistencia, y, si bien fue una estadía corta, tuve la oportunidad de ver el resultado definitivo de muchos de los tratamientos que yo mismo había efectuado allí. También, en el reencuentro, pude cosechar la gratitud y el afecto de mis compañeros, tanto expatriados como locales, lo cual además de causarme profunda alegría, me hizo sentir útil.

Mi segundo proyecto de este año fue en Costa de Marfil, en su ciudad capital, donde desde fines de 2010, la violencia generada como consecuencia de enfrentamientos poselectorales provocó una gran cantidad de víctimas en la población civil. A esta situación se sumó la huida del personal sanitario de sus puestos debido a la inseguridad reinante, como consecuencia de lo cual, sólo unas pocas estructuras médicas permanecían operativas.

En esta ocasión, tuve la oportunidad de compartir el trabajo con mi esposa, Vanina, quien es médica anestesista y también desempeña funciones en la organización. Mi función fue básicamente dar atención a las agudas demandas - consecuencia de los enfrentamientos que aún continuaban - y atender a una gran cantidad de pacientes que los enfrentamientos habían generado, ya sea en pacientes con lesiones crónicas o con tratamientos incompletos o no apropiados. Difícil. Trabajé en los Hospitales de Abobo Sur y Anyama, los cuales eran apoyados por MSF en recursos humanos y material médico, para garantizar la atención básica de la población, la cual no estaba siendo proporcionada, como consecuencia de la falta de personal. Aparte de los casos ortopédicos, este hospital poseía una maternidad en la cual se efectuaban más de 80 partos por día – sí, 80, y la mayoría con las complicaciones habituales de un sistema en crisis, sin ningún tipo de control ni prevención.

En lo personal fue muy intenso para mi compartir con los médicos locales su día a día como médico, en un contexto tan volátil. Vivir el conflicto en el hospital, atendiendo infinidad de pacientes, y al final del día, volver a casa inmersos en el mismo contexto. Hubo momentos intensos, difíciles y algunos gratos, también.

Finalmente, partí hacia Libia. Un contexto duro, pero fui con el mismo objetivo: ayudar. Enfrenté la responsabilidad de dejar a mi familia con los comprensibles temores sobre mi seguridad, y enfrenté mis propios temores en pos de llevar al extremo mi experiencia y mi capacidad de trabajo.

En Trípoli, conseguimos una clínica bien equipada, la cual había permanecido cerrada por la guerra, donde pudimos realizar procedimientos quirúrgicos, principalmente fijación externa de fracturas y heridas de bala. El objetivo principal era el de asistir y reforzar el tratamiento de los pacientes que atiborraban los hospitales locales, facilitando el retorno de los mismos al normal funcionamiento.

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