Back to top

Diego Machado

Cirujano/a- Buenos Aires, Argentina
-A A +A

Diego Machado desarrolló su primera misión con Médicos Sin Fronteras (MSF) durante la intervención de emergencia en Haití a causa del terremoto que sufrió el país en enero de 2010. Hoy, 6 meses después, MSF continúa realizando un amplio abanico de actividades médicas y de asistencia de primera necesidad: hasta el momento, lleva 173.000 pacientes atendidos y 11.000 intervenciones quirúrgicas, ha brindado atención psicológica a 81.000 personas, y ha distribuido casi 27.000 tiendas y más de 35.000 kits de bienes de primera necesidad. Pero la situación de los sobrevivientes continúa siendo muy precaria, y aún hay mucho trabajo por delante.

Julio 2010

"Mi nombre es Diego Machado, soy traumatólogo y vivo en Buenos Aires. Hace tiempo que venia siguiendo el trabajo de MSF, hasta que me decidí a contactar a la oficina en Buenos Aires y ponerme a su disposición. Haciendo una especialidad quirúrgica, debía esperar un proyecto que requiriera tales necesidades, ya que poner un cirujano en terreno implica movilizar una gran cantidad de medios y personal. Lamentablemente, el terremoto en Haití hizo necesaria la presencia de profesionales con mi perfil, y sin dudar acepté la propuesta de participar de la intervención.

Antes de llegar intenté imaginarme el panorama. Pero al llegar lo imaginado era poco. Haití es un país donde la tierra hace rato temblaba y el terremoto del 12 de enero fue quizás, la gota que derramó el vaso.

MSF, en la magnitud de su abanico operacional, se encarga de la atención de infinidad de pacientes. Varias secciones de la organización trabajan conjunta y complementariamente abarcando la mayoría de las necesidades básicas, no sólo en atención médica, sino también en acciones sanitarias (como la provisión de agua potable y letrinas) y de distribución de elementos de primera necesidad.

Tanto yo como mi esposa, Vanina Meni Battaglia, especialista en anestesia y también integrante de MSF, realizamos funciones en el Hospital de Bicentenaire, ubicado en una de las zonas más pobres de Puerto Príncipe. Allí se atendían tanto a los pacientes que presentaban secuelas del terremoto como a los que la precaria forma de vida y la violencia diaria generaban.

Con un quirófano y 70 camas de internación (con áreas para adultos, maternidad y niños), realizamos más de 40 cirugías semanales, incluidas cesáreas, cirugías generales y ortopédicas, curación de quemados y urgencias. Además había un área para el manejo de pacientes con tétanos.

También desempeñé funciones en el Hospital de Promesse, destinado a la rehabilitación de pacientes y ubicado asimismo en Puerto Príncipe. En este centro, MSF, junto a otras organizaciones especializadas en kinesioterapia y rehabilitación de enfermos, se encargaba de albergar pacientes con secuelas del terremoto o con alguna discapacidad, pero también simplemente de pacientes en estado postoperatorio que no tenían un lugar donde vivir y completar su tratamiento.

Además trabajé en el Hospital de Jacmel, situado en una pequeña población costera a 200 km de la capital del país, terriblemente golpeada por el sismo, donde MSF realiza un soporte de la atención local y trabaja en la reconstrucción del hospital. En todos estos proyectos, MSF no sólo brinda atención médica, sino que también realiza tareas de mejora ambiental y sanitaria, para prevenir la aparición de enfermedades endémicas, pero también como soporte de la calidad de vida de los pacientes.

Haití es un país donde casi todas las historias son tristes, donde la enfermedad y la muerte son amigas, y donde en algunos lugares la esperanza sólo alcanza hasta mañana. En lo personal, fue muy importante para mí llegar a interpretar las sensaciones que me generaba el día a día. Al principio, la llegada y la ambientación fueron muy difíciles, y me inundó la frustración, sentir permanentemente que no estaba haciendo lo suficiente, y la indignación por la situación reinante. Pero con los días, los mismos pacientes me hicieron entender que ellos necesitaban lo que yo tenía para ofrecerles, ni más ni menos; y que con mi trabajo estaba, en cierta forma, cambiando algo. La experiencia enriqueció mi espíritu. En lo profesional me sentí versátil y seguro, y en lo humanitario, me sentí principalmente útil."

Volver a Desde el terreno