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Carolina Nanclares

Médico/a- Buenos Aires, Argentina
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Luego del terremoto que azotó a Haití en enero de 2010, MSF, que había empezado proyectos en el país hace 20 años, brindó asistencia médica y humanitaria a los cientos de miles de afectados. Esta ha sido la respuesta de mayor envergadura de MSF en sus 40 años de historia: se trataron a más de 360.000 pacientes, con un staff de más de 3.000 personas. En octubre de 2010, una epidemia de cólera se esparció en la isla, amenazando una vez más a su golpeada población. MSF atendió a 91.000 pacientes por esta enfermedad hasta enero de este año. MSF sigue comprometida con las necesidades existentes en Haití y hará todo lo posible por darles respuesta en los próximos años.

Este es el testimonio de una de las médicas que participó de la emergencia:

“Este será mi quinto año con la organización de ayuda humanitaria Médicos Sin Fronteras. Comencé en el 2006, una vez finalizada mi especialidad de clínica médica.

Mi primera misión fue en la República Centroafricana, y desde entonces he trabajado también en Chad, el sur de Sudán, Yemen, Etiopía, Haití y Níger. Cada uno de estos lugares es un país diferente, con sus propias características, aunque todos tienen algo en común. Ya sea por conflictos armados actuales o históricos, desastres naturales, epidemias o crisis alimentarias - o varias de estas circunstancias juntas - en cada uno de estos lugares la población se encuentra en situación de extrema vulnerabilidad. Desplazamientos, violencia, falta de agua potable, hambre y enfermedades, son sólo algunas de las consecuencias que sufren estas poblaciones. Y son estos los motivos que llevan a la intervención de Médicos Sin Fronteras.

Hace poco he regresado de mi última misión en Haití, probablemente un contexto conocido para todos ya que ha tenido gran cobertura mediática. He tenido la oportunidad de poder asistir a la población haitiana en dos ocasiones: tras el terremoto de enero de 2010 y luego cuando se desató la epidemia de cólera en la última parte del año.

Puerto Príncipe es una ciudad que provoca en uno sensaciones ambiguas. Por un lado, el caos, la suciedad, el amontonamiento y el ruido; por el otro, el calor de la gente y su enorme actitud de dignidad, a pesar de los duros golpes que ha sufrido en toda su historia y especialmente en el último año. Entre de toda esa gente, hay tres personitas que fueron los protagonistas de mi historia: Ricardo, Claudia y Suz Landy.

Al primero que conocí fue a Ricardo, simplemente porque era el que gritaba todo el tiempo. Ricardo, de siete años, sólo tenía una fractura en el fémur izquierdo y, aunque perdió a su mamá y a su papá en el terremoto, no estaba solo. Claudia y Suz Landy, en cambio, habían perdido también una parte de sus cuerpitos. Una la pierna izquierda; la otra la pierna derecha. Sin embargo, era Ricardo el que más chillaba.

Claudia, de tres años, también había perdido a su mamá, y su papá ya no existía para ella, así que quedó en la misma situación que Ricardo. Igualmente, ella tampoco estaba sola. Uno diría que Suz Landy, de cuatro años, fue la más afortunada, porque - aunque perdió su pierna izquierda, se fracturó la muñeca y tuvo una herida en la cabeza - estaba acompañada por su mamá. A pesar de esto, era Suz Landy la que más tristeza mostraba en la cara.

Cuando llegué al hospital St. Michel en Jacmel, al sur de Haití, ellos ya estaban internados, y me acompañaron los dos meses que yo me quedé en ese lugar. Cuando me fui, tuve la alegría de darles el alta a los tres. Durante dos meses, escuché los gritos exagerados de Ricardo al hacerle las curaciones, pero, con él, también fui destinataria de una de las sonrisas más grandes que jamás he visto. Claudia siempre mostraba buen humor; será que la compañía permanente de su tío y su abuela compensaban sus pérdidas. Suz Landy estuvo la mayor parte de mi estadía invadida por una enorme pesadez sombría. Tanto es así que no podré olvidar nunca el día en que esa pesadez dio lugar a un bello esbozo de sonrisa.

Estas son sólo algunas de las anécdotas e historias de las que he sido testigo. Como Ricardo, Claudia y Suz Landy existen millones de personas, con nombre propio, en diferentes situaciones y en diversas partes del mundo, que tienen historias para contar, pero cuyas voces no son escuchadas. Me siento afortunada de poder, aunque sea en esta ocasión, hablar y contar en nombre de ellos.”

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