Carolina Loreti

Carolina Loreti

Médica infectóloga
Ramos Mejía, Buenos Aires, Argentina

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Carolina Loreti estudió medicina en la Universidad de Morón y luego se especializó en medicina interna y en infectología en la Universidad de Buenos Aires. Oriunda de Ramos Mejía, provincia de Buenos Aires, comenzó a trabajar con Médicos Sin Fronteras (MSF) en 2015. Su primera misión fue en Georgia, donde trabajó durante nueve meses con pacientes de Tuberculosis. Durante 2016 y principios de 2017 trabajó en Kenia haciendo el seguimiento del proyecto de VIH/sida en el hospital de referencia de Homa Bay.

¿Qué estás haciendo en Kenia?

Estoy en Homa Bay, un pueblo en la costa del Lago Victoria, en Kenia. Un pueblo muy lindo, con hermoso clima, pero desafortunadamente 1 de cada 4 personas en esta región padece de VIH. Médicos Sin Fronteras fue la primera organización en el año 2001 en traer tratamiento pero a pesar de eso los pacientes siguen llegando al hospital muy enfermos. Mi rol en la organización es trabajar la parte de internación del hospital de referencia en esta región. Casi el 50% de los pacientes que ingresan padecen de VIH/sida.

A partir de tu trabajo, ¿cómo ves la situación de los pacientes?

Gran parte de los pacientes que recibimos han estado expuestos a los antiretrovirales, pero la mayoría de ellos con muy mala adherencia al tratamiento. Por eso es que nosotros vemos las consecuencias: las defensas bajan y aparecen lo que llamamos infecciones oportunistas. A pesar de hacer todo lo que está a nuestro alcance muchas veces los resultados no son buenos. Lamentablemente muchas veces vemos pacientes fallecer. Así que tenemos días muy difíciles. 

¿Qué cambio se podría aplicar para modificar esta situación?

Uno de los exámenes de sangre que nos sirve mucho para ver cómo sigue el tratamiento es lo que llamamos “carga viral” que es la cantidad de virus de VIH que hay en la sangre. Creo que un cambio muy favorable para poder reemplazar a tiempo el tratamiento de nuestros pacientes sería tener disponible una carga viral el mismo día que el paciente ingresa, para poder definir si el tratamiento está fallando o si el tratamiento está siendo efectivo.

¿Cuáles son los mayores desafíos que se plantean?

Tenemos que seguir trabajando en la adherencia al tratamiento. Quizás sea muy idealista, pero hoy el tratamiento es muy efectivo, puede ser con un comprimido por día y eso hace la diferencia. Hace que puedas tener una vida llena de actividades, que puedas tener una familia, y que fallezcas de otra cosa, de viejito. Así que ese es mi objetivo: que las guardias estén vacías, que no haya más infecciones oportunistas.

 

 

 

 

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