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Belén Caminoa

Médico/a- Córdoba, Argentina
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La Dra. Belén Caminoa realizó su primera misión en Níger, donde MSF lleva a cabo programas nutricionales desde 2001. Actualmente, Belén se encuentra en Haití como parte de la intervención de emergencia de MSF en ese país luego del terremoto de enero último.

Mayo 2010

Soy médica pediatra oriunda de Córdoba. Terminé mi residencia en abril del 2009 y al día siguiente ya estaba en un avión rumbo a Barcelona para incorporarme al equipo de MSF. A las dos semanas ya tenía destino… mi primera misión: Níger.

Llegué a Níger a comienzos de agosto del 2009. Allí, desde hace varios años, se trabaja en tres programas, dos de malnutrición infantil (en Bouza y Madaoua) y un tercero de seguimiento materno-infantil (en Agadez). Mi misión como pediatra consistía en continuar con el proyecto de malnutrición de Bouza, ocupándome de aquellos niños entre cero y cinco años (cuyo peso por lo general rondaba entre los 3 y 7 kg), que por su gravedad requerían internación.

Los primeros días allá fueron muy difíciles. Yo creía que estaba bien formada profesionalmente y fuerte anímicamente para llevar a cabo mi trabajo allí, pero la realidad que me rodeaba era totalmente diferente. Es un país donde la sesión de lluvias es cada vez más escasa y el calor cada año más intenso, ya que el desierto sigue avanzando.

El hospital era pequeño y se encontraba lleno de niños en grave estado a causa de la malnutrición, el paludismo, las gastroenteritis o la combinación de ambas entre otras cosas... y los recursos para intentar estabilizarlos y sacarlos de su estado crítico eran escasos. Cada día me desesperaba tratando de que todos se recuperaran, y todas las semanas tenía que reconocer que algunos no lo lograban. Tenía la sensación de que todo lo que hacía no tenía ningún sentido. Pero en un país donde cada niño necesita ser el más fuerte para poder salir adelante hoy puedo decir que aprendí mucho más de lo que dí. Aprendí que ayudar a los niños y a sus familias no significa solamente curarlos, sino también escucharlos, abrazarlos, jugar con ellos o a veces simplemente acompañar a una mamá o a un papá en el dolor de la pérdida de un ser querido.

Más de una vez era la mamá de un niño fallecido quien me consolaba, me alentaba y me agradecía por “todo”… aprendí su lengua (el Haussa) para poder comunicarme con ellos, sus costumbres y tradiciones, y sobre todo entendí que cada persona allá no necesita “solamente ser curada”, sino que necesita ser valorada, ser escuchada y respetada como el ser humano que es.

Luego de ocho meses de trabajo en Bouza puedo decir que amo mi trabajo y que hoy más que nunca soy consciente de que una sola persona no puede salvar a todos los niños ni resolver todos los problemas de un pueblo, pero la mirada feliz de un sólo niño recuperado y de su madre son las que nos muestran por qué hacemos lo que hacemos y por qué debemos continuar haciéndolo sin importar que tan duro sea.

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