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Andrés Carot y Carlos Trotta

Cirujano/a- Argentina
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Experiencias sobre Yemen

Yemen es uno de los 65 países donde Médicos Sin Fronteras (MSF) lleva adelante su misión de proveer asistencia médica a poblaciones olvidadas, sin discriminación por raza, religión o ideología política. Desde 2007, los equipos de MSF han trabajado en varios zonas del país para brindar atención sanitaria, incluso quirúrgica, a las comunidades más desfavorecidas.

Actualmente, MSF trabaja en las gobernaciones de Saada, Amran y Hajjah, en el norte del país, asistiendo a las poblaciones afectadas por el conflicto entre el gobierno y el grupo Al-Houthi. En Saada, MSF da apoyo a varios hospitales y el año pasado colaboró en una campaña masiva de inmunización contra el sarampión. En Amran y Hajjah, la organización asiste a los desplazados por el conflicto en Saada y a la población residente más vulnerable.

En Saná, la capital yemení, MSF trabaja en colaboración con las autoridades de salud para mejorar el tratamiento del VIH/sida y reducir el estigma en torno a esta enfermedad.

En la gobernación de Lahj, al sur de Yemen, un equipo de MSF da apoyo al hospital de distrito de Radfan, en la ciudad de Habilain, para cubrir las necesidades de la población afectada por los disturbios. Los cirujanos argentinos Andrés Carot y Carlos Trotta, que acaban de regresar de este proyecto, se acercaron a las oficinas de MSF en Buenos Aires y nos contaron más sobre su experiencia.

La misión de MSF en Habilain

“Cuando llegamos a Habilain encontramos una ciudad con edificios a medio construir, algunos con impactos de bala, no había recolección de residuos. A pesar de todo eso, la ciudad seguía funcionando: había algunos comercios abiertos, y en algunas canchas los chicos jugaban al fútbol,” cuenta Andrés, originario de Córdoba.

“Es una ciudad de 40.000 habitantes con sólo un hospital público de distrito, que estaba casi abandonado. Allí se impartía salud pública gratuita para una población blanco de 200.000 habitantes. Si bien había hospitales públicos a dos o tres horas del lugar, por la situación política que se estaba viviendo, a veces el camino quedaba bloqueado, entonces era el único lugar en donde la gente podía acceder a atención médica gratuita,” agrega.

Andrés y Carlos eran los encargados de poner en marcha las actividades quirúrgicas en el hospital, lo que representó un gran desafío.

“Nos encontramos con una infraestructura hospitalaria adecuada, especialmente en lo que respecta al quirófano. Pero la asepsia fue un gran desafío al principio,” recuerda Andrés. “MSF se hizo cargo del edificio principal del hospital, de la sala de emergencias, de la unidad quirúrgica - que consistía en una sala de cirugía menor y el quirófano - y de la sección de internación, donde había dos salas - una de hombres y una de mujeres - con 20 camas cada una. También había consultorios externos en los que MSF brindaba asistencia ante casos de desnutrición, y una unidad de maternidad que era manejada por personal del hospital.”

El trabajo en el terreno

En Yemen, uno de los países más pobres de la península arábiga, gran parte de la población no goza de acceso a la salud. Andrés explica que tipo de casos recibía MSF en Habilain: “Al ser un lugar donde la atención médica era bastante precaria, lo que más encontrábamos eran heridos por accidentes de tránsito, además de muchas caídas, porque era una zona montañosa, y también accidentes de trabajo. Había mucha patología traumatológica, de cirugía menor, cortes y heridas infectadas; también había patologías de guerra: heridas de bala en todas partes del cuerpo, en extremidades, en la cabeza, en el tórax, en el abdomen, relacionadas con el conflicto.”

El médico cordobés, que también estuvo en Nigeria con MSF, nos cuenta como era un día en el terreno: “El grueso del trabajo era durante la mañana, arrancábamos alrededor de las 8 de la mañana, luego de una reunión con el equipo. Después hacíamos una ronda por los pacientes internados e íbamos a la sala de cirugía menor. Uno de los cirujanos se quedaba siempre en la sala de cirugía menor y otro se iba a la sala de cirugía mayor.

“También teníamos un sistema de referencias. Había casos que no podíamos solucionar y teníamos otros hospitales o clínicas privadas a los que referíamos a los pacientes.

“Al comienzo, trabajamos sobre la asepsia, explicándole al personal local como lavarse las manos apropiadamente, a separar los residuos, a eliminar las agujas en recipientes específicos, a utilizar guantes para suturar… cosas básicas que no practican por la situación de violencia en la que viven, no sólo física, sino también psicológica y social. Fue un proceso, pero a medida que nosotros les íbamos aportando algo, ellos también nos aportaban a nosotros, e íbamos haciendo un trabajo de igual a igual, de carácter horizontal,” reflexiona Andrés.

“La verdad que hemos tenido un crecimiento que a mi me ha sorprendido mucho. Me sorprendió también el compromiso de la gente,” destaca. “La gente va adquiriendo independencia, autonomía. Esa es la función nuestra: asistir a personas vulnerables en situaciones de crisis y dar apoyo a sistema de salud desbordados por las necesidades de emergencia” resalta Andrés.

Superando obstáculos

Para comenzar a trabajar, el equipo de MSF tuvo que superar varios obstáculos. Andrés explica: “Desde el comienzo todo era un desafío: desde organizarnos y comunicarnos con los colegas locales que provenían de una cultura diferente, hasta coordinar los recursos humanos: determinar cuáles eran las necesidades más acuciantes y lo que nosotros desde MSF podíamos aportar, porque también nuestra ayuda era limitada.

“Después de muchas reuniones íbamos organizándonos, pero armar una rutina dentro de lo caótico que era el hospital costó. Organizar el horario de la cirugía menor y los turnos en el quirófano también fue un desafío,” recuerda.

Asistencia a poblaciones desplazadas

Carlos nos cuenta sobre la intervención de MSF en el norte de Yemen, proveyendo asistencia médica en los campos de desplazados de Al Mazraq, en la provincia de Hajjah, que acogen a miles de personas que fueron obligadas a dejar su hogar debido al conflicto armado. MSF también brinda asistencia nutricional en los asentamiento de Al Mazraq y otros cercanos, donde se detectaron casos severos de desnutrición infantil.

“Nuestra actividad no se limitó exclusivamente a Habilain, sino que también estuvimos presentes en el norte del país. Ahí el panorama cambiaba. A los problemas que comentó Andrés se agregaba algo que realmente nos pegó muy fuerte: la situación de los desplazados. Ver el campamento, a pesar de que todo estaba bastante organizado, era particularmente doloroso; ver las condiciones en que vivía la población, lejos de su lugar habitual, viviendo en carpas en medio del desierto y con un sol que al mediodía es realmente abrasador. Eso nos permitió correr un poco el foco de lo exclusivamente quirúrgico, y pudimos comprender un poco más acerca de la problemática de esa población en Yemen. Para mí, que no había tenido experiencias anteriores trabajando con poblaciones desplazadas, conmueve. A uno lo deja pensando, lo deja reflexionando,” recuerda Carlos, que en mayo partió nuevamente a Yemen en otra misión de MSF.

“El campo de desplazados estaba a 40 minutos del lugar donde vivíamos: hasta la geografía había cambiado, la geografía física y la geografía humana. Allí había un hospital manejado por MSF que estaba muy bien montado. Estaba hecho en base a contenedores pero tenía excelente iluminación, tenía incluso aire acondicionado, necesario por las altas temperaturas de la zona. Allí había mucha gente joven realmente ansiosa de aprender y de trabajar con nosotros, y un quirófano que tenía elementos muy actuales,” agrega el cirujano, originario de Mar del Plata.

El reconocimiento de los pacientes

“El reconocimiento de la gente a la atención es impresionante. Las demostraciones de agradecimiento van desde mirarte a los ojos fijamente y decirte cosas con las que les ves el alma - uno también aprende a expresarse de esa forma con ellos – hasta que te abracen o que te cuiden o que estén a cada momento preguntándote si te hace falta algo, o que en momentos críticos, cuando quizá muere un paciente (ya que la medicina tiene sus limites) sean los mismos familiares los que nos consolaban a nosotros. Eso también es fuerte y también uno se siente hermanado, por lo que es muy difícil irse,” dice Andrés.

Carlos además destaca el “legado” de MSF: “Aparte de contribuir a hacer funcionar nuevamente los servicios de atención médica, se logra que la población recupere la confianza en el hospital, porque ve que este está respondiendo a sus necesidades. Y, dado que la atención que brinda MSF es absolutamente gratuita, la población en cierta forma puede también empezar a ver que hay otra forma de acceso a la salud, sin barreras. Ojalá que hayamos podido hacer nuestro aporte para que los pacientes entiendan a la salud como un derecho.”




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