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Alejandro Vargas Pieck

Médico/a- México
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Alejandro Vargas, médico pediatra mexicano, partió en su primera misión con Médicos Sin Fronteras a Níger. Aquí nos relata su experiencia desde Magaria, en un centro de re-nutrición infantil.

“"No es que siempre haya querido ser médico, más bien siempre quise vivir un poco en el límite, un poco lejos, en contacto con emociones fuertes, cerca de la gente, cerca de otra gente, de gente nueva, de cosas nuevas. La curiosidad, el conocimiento en todas sus formas siempre me atrajo. De alguna manera eso me llevó a la medicina y la medicina me dio la oportunidad de entrar a Médicos sin Fronteras (como muchas otras carreras pueden hacerlo).

Hace cuatro meses llegué a África, específicamente a Níger, uno de los países más pobres del mundo al sur del Sahara en el África Occidental, para empezar mi primera misión con MSF. La organización realiza en este país desde hace unos años una importante labor contra la desnutrición infantil.

Fui enviado a Magaria, una pequeña población en el sureste del país (desde donde escribo estas líneas). Me enviaron específicamente para apoyar durante el pico anual de desnutrición y malaria que se da durante la temporada de lluvias e inmediatamente después de ésta. El proyecto en Magaria es grande, con un centro de renutrición infantil de 450 camas para atender a población tanto nigerina como nigeriana, ya que estamos a 10 kilómetros de la frontera con Nigeria.

El equipo de expatriados es de nueve personas actualmente. Todos vivimos en la misma casa y siempre hay gente de todos lados, pero predominan los africanos y los europeos; la convivencia es muy interesante y enriquecedora. El personal nacional es de más de doscientas personas. Soy el único médico extranjero en el CRENI aunque hay otros ocho médicos nigerinos. Mi labor es sobre todo asistencial, es decir consulto directamente a los niños; y también realizo, en la medida de lo posible, trabajo de enseñanza y capacitación tanto para las enfermeras y asistentes nutricionales como para los médicos.

El trabajo es por momentos pesado; hay una tasa de mortalidad infantil muy alta. Emocionalmente, a veces es duro. Sin embargo, son muchos más los niños que se recuperan que los que no lo hacen, y en eso creo yo que hay que enfocarse, sin dejar de intentar mejorar las cosas en todo momento. A pesar de todo me atrevo a decir que nunca había estado tan satisfecho, nunca había disfrutado tanto ser médico.

La experiencia humana es increíble. Al trabajar con gente de tan pocos recursos y con la que no se comparte un idioma, el lenguaje no-verbal cobra una importancia y una fuerza muy particulares.
El día a día con la gente del país que trabaja con MSF también está lleno de intercambios muy interesantes. Es una forma muy especial de acercarse a otra cultura. Por otro lado, el personal extranjero cambia con frecuencia, personas llegan y personas se van constantemente. Por este motivo hay que ser muy adaptable, sin que por esto se pueda negar que se formen lazos muy fuertes.

Al final es una experiencia muy completa y satisfactoria. Estoy a punto de terminar mi primera misión y espero en un par de meses partir nuevamente a algún lugar junto a MSF."

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